Maestros

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miércoles, 13 de junio de 2012

Patoruzito, primera historia (II): Mirco Repetto y Tulio Lovato





"Mi viejo hizo cuatro viajes, como Colón; en el último nos trajo a mi madre, a mi hermana y a mí. Nos trasplantó de la Liguria, de los montes Dracos, donde mi abuelo tenía una hostería, de la playa de Cestri Levate, de Santa Margherita, de Rapallo, de toda esa zona de mis correría infantiles, al Mercado de Abasto”.
Así le relataba Mirco Repetto (1915-1999) a Juan Sasturain su llegada a Buenos Aires a los 10 años, en tiempos de Marcelo T. de Alvear (1).

Dentro del mundo editorial, su primer trabajo como redactor fue en Bolita (donde estaban Lino Palacio y Raúl Roux, entre otros), apenas pasados los 15 años (1931/32).
Luego colaboró en Pololo, Mustafá y Barrilete. En estas dos últimas fue redactor, diagramador y director con apenas 20 años. Y realizó los primeros argumentos que dibujó Enrique Rapela. Trabajó en radio como libretista, pasó a dirigir Pilucho (revista infantil) y más tarde - en Fenómeno - hizo una historieta humorística de piratas, además de retocar obras extranjeras.
En 1939 realiza Don Alfonso en el diario socialista La Vanguardia. Allí apareció La vaca Aurora (un calificativo que se usaba en la época para tías y maestras gordas) y - en la edición dominical - Tadeo, el violinista.
En 1940, la vaca se muda a Carasucia, donde Mirco también hace Don Cleptómano.
Aurora más tarde aparece en Mundo Infantil, donde permanecerá alrededor de diez años.
En Patoruzú colaboró durante 1941 en la realización de la película Upa en Apuros y se quedó veinte años, trabajando como diagramador, redactor y guionista, además de ser director tanto de Patoruzú como de Patoruzito. En la primera hizo varios años el chiste mudo de la página tres, (firmando como Mirco), varias secciones personales y otras heredadas, los chistes a doble página de Gubellini, alguna idea de tapa, algún guión de Don Fierro y escribió cuentos con el seudónimo Tadeo de las Llanuras.
En la segunda fue, claro, el autor de los guiones del indiecito, calificados por Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno como:
“…inteligentes, que proponían permanente acción, nuevos personajes y escenarios cambiantes” (2).
En la misma revista fue el creador de Vito Nervio, guionando otros personajes e historietas didácticas con temas argentinos.
Más tarde, cuando Quinterno ideó a Patora, fue Repetto quién le dio su particular carácter.
En 1961 se estableció en Paso del Rey, y siguió como colaborador por quince años más.
Disconforme con los nuevos directivos de la editorial (impuestos por los hijos de Quinterno), se fue a trabajar con García Ferré, para quién remozó personajes como Neurus, Larguirucho, Cachavacha e ideó los argumentos de Hijitus y Anteojito.
En la década del ’70, en tanto, La Vaca Aurora tuvo revista propia, de la que se publicaron una decena de números.

Antes de continuar con la siguiente biografía, hagamos un alto y volvamos a la aventura iniciada en la entrada anterior: Chiquizuel y sus artimañas obligan a Patoruzito a enfrentarse con la tribu de "Los Comecrudos" , sin embargo un extraño (y prehistórico) "enemigo" ayudará a poner las cosas en su lugar...








Marcelo Antonio Tulio Lovato nació en Buenos Aires en 1915. Fue un destacado estudiante de ingeniería pero, apasionado por el dibujo y la pintura, finalmente se dedicó de lleno a estas actividades.
A comienzos de la década del ’40, Dante Quinterno tenía entre sus proyectos la realización de dibujos animados. Para ello, contrató a dibujantes de gran capacidad, entre los que se encontraba el propio Lovato. Allí Tulio se convierte en director y supervisor de la tarea de los dibujantes animadores dedicados a la concreción de la película Upa en Apuros.
Además, Quinterno le confía tanto las tiras de Patoruzú en el diario “El Mundo” como las páginas del indio en la revista semanal. Como lo explica Miguel Dao en su blog…
“Es así como, ya desde fines de 1940, Quinterno introduce a Lovato como colaborador en las andanzas del indio, dejándolas exclusivamente a su cargo a mediados del ’41. En tanto que Lovato las dibuja hasta principios del ’44, con una última intervención en mayo de ese año”. (3)
Cuando Dante decidió crear el semanario Patoruzito, Lovato pasó de Patoruzú a esta nueva revista. La experiencia adquirida en la editorial más su notable sensibilidad le permitieron desarrollar en su totalidad las aventuras del pequeño cacique. Comentan Trillo y Saccomanno:
“Lovato fue generando un mundo transparente, idílico, en el que Patoruzito, el Bueno, resolvía los problemas más difíciles con una sonrisa que lo acompañaba en más de un cincuenta por ciento de los cuadritos”. (4)
Si bien con esta tarea y la de reemplazar a Quinterno en los dibujos de Patoruzú ya se estaba ganando un lugar de privilegio entre los grandes dibujantes humorísticos, no fue suficiente para él debido a que también brilló en la historieta seria, como el autor integral de Rinkel, el Ballenero, una aventura de barcos en los mares del sur. Volvamos a las palabras de Trillo y Saccomanno:
“Curioso caso de ‘doble personalidad’ el de Tulio Lovato, que dibujaba Patoruzito, hacía el lápiz del indio y creaba una maravillosa historia propia, dramática, seria, con innegable fuerza y resuelta con impecable vigor”. (5)
Los logros de Tulio no terminan aquí: participó con sus dibujos en campañas publicitarias, fue ilustrador en diversas publicaciones y un especialista - dentro de la pintura – en la creación de ‘marinas’.
Más tarde, a comienzos de los ’70, gracias a sus conocimientos de animación, organizó un estudio de dibujo animado publicitario.
Tras su fallecimiento en 1979, el creador de Patoruzú expresó que este desenlace...
“significó la amputación del brazo y la pierna derechos de nuestra empresa”. (6)
No podría existir una afirmación más acertada: se trató de un gran dibujante que fue admirado y reconocido por todos sus colegas.



(1) Juan Sasturain: reportaje a Mirco Repetto publicado en el libro “Buscados Vivos” (Astralib, 2004)

(2), 4) y 5) Carlos Trillo – Guillermo Saccomanno: "Historia de la Historieta Argentina" (Ediciones Record, 1980): Capítulo 10: "¡Salió Patoruzito!"

(3) Dao, Miguel: fragmento correspondiente al artículo “A Quinterno lo que es de Quinterno, a Lovato lo que es de Lovato”, publicado en el blog del autor (“Historietas-Cine-Teatro, por Dao”) el 29 de abril de 2012.

6) Vásquez Lucio, Oscar: "Historia del Humor Gráfico y Escrito en la Argentina", Tomo II, EUDEBA, 1987.




jueves, 7 de junio de 2012

Patoruzito: primera historia (I)


En ocasiones me gusta imaginar a este blog como una casita virtual donde tengo el placer de recibir como huéspedes a grandes dibujantes y a sus queridos personajes e historietas. Uno (entre tantos) de los que deseaba alojar es a Patoruzito, el pequeño cacique de la Patagonia, lo cual también significa referirse a una gran revista (producto del talento de quienes la integraban). De todas formas, la razón fundamental para elegir el tema es la de poder brindar una reseña de la trayectoria de los principales hacedores de esta historieta: Mirco Repetto y Tulio Lovato. Vayamos entonces por partes...


A pesar de que para la época de la aparición del semanario Patoruzito Dante Quinterno sólo contaba con 36 años, ya acumulaba una gran producción: los personajes que moldearían el definitivo Isidoro, Don Fermín (luego Don Fierro), El fantasma Benito se divierte y el propio Patoruzu por un lado, y sus colaboraciones para diversos diarios y revistas hasta llegar a la fundación del semanario del indio, por otro (ver en este blog las entradas El primer Dante Quinterno e Inicios de Quinterno, del año 2011), sin olvidarnos del gran corto Upa en apuros.
Ya volveremos sobre Dante cuando nos ocupemos de los autores más arriba indicados.

El número 1 apareció el 11 de octubre de 1945 y su éxito fue rotundo, incluso superior al de Patoruzú.
De lo ofrecido, sólo una cuarta parte era dedicada a la historieta humorística nacional: además del caciquito (en doble página central a todo color), el lector podía disfrutar de Mangucho y Meneca (luego Don Pascual), de Roberto Battaglia; Langostino, el navegante independiente, de Eduardo Ferro; y de El Gnomo Pimentón, de Oscar Blotta.
Las tapas, como si fuera poco, eran realizadas por el mismo Quinterno.

En esta primera aventura (que concluye en la edición 12), además del encuentro inicial entre Patoruzito e Isidorito (donde ya queda delineada la personalidad de ambos), se presentan: el hechicero Chiquizuel y su nieto Chupamiel (sus enemigos clásicos), la Chacha, un militar Cañones joven (con el grado de capitán) y Pamperito.
Al final de cada entrega comprobamos que no figura el clásico “continuará” sino un comentario parcial o totalmente compuesto por una pregunta, con el fin de intrigar y - por lo tanto - tentar a los lectores a la compra del siguiente número. Éste se iniciará con un resúmen de lo acontecido hasta el momento o con un brevísimo relato para poner al lector en situación.

Sin embargo, el tema más importante entre los coleccionistas se refiere al consabido hecho de quién es Patoruzito en relación a Patoruzú. Una serie de situaciones contradictorias complica las cosas: El indiecito es originario de la Patagonia pero sus historias suceden en la misma época que las de Patoruzú. A la vez, como dijimos, Cañones es más joven y Pampero un potrillo, pero la Chacha parece tener la misma edad que en sus andanzas con el indio mayor. En tanto, con el último ya no aparecerán Chiquizuel y su nieto.

Diego Accorsi nos dice (1):“Dante Quinterno no quería contar la infancia del indio, sino traspasar el concepto a un nuevo personaje, más infantil, más inocente (…) para lograr aventuras más frescas y divertidas. Y lo logró.”

Esta idea es la que parece imponerse. Me atrevo a agregar que aún en el caso de que todos los co-protagonistas tuviesen la edad adecuada y la época las características correspondientes a los años en que transcurrió la hipotética infancia de Patoruzú, igualmente se haría difícil creer que se trata del mismo cacique: el carácter y la inteligencia de Patoruzito no se condice con la personalidad del adulto, sobre todo si esta comparación se realiza con el Patoruzú de los años 20 o 30…
En cambio, Isidorito se acerca más a lo que podría haber sido Isidoro en su niñez, aunque hay que reconocer que siente mucho cariño por su amigo más allá de que no lo demuestre (salvo en situaciones extremas) . Será que por el mismo hecho de ser un niño guarda un corazón un poco menos contaminado que el de su par adulto. Incluso parece más fuerte la amistad entre ambos (a la que contribuye la bondad y tolerancia infinita de Patoruzito) que la existente entre los grandes.

Volvamos a la primera historia: Tras la presentación de todos los personajes mencionados, Chiquizuel comienza a mostrar las uñas: modifica el testamento donde Patoruzek ya declaró a su hijo su sucesor y dueño de las tierras de la Patagonia (otro momento que no aclara las cosas con respecto a Patoruzú) agregando que para que tal condición se haga efectiva deberá resistir las duras pruebas a que lo someterá Chiquizuel; “de lo contrario, mi sucesor será Chupamiel”, completa su mentira el brujo. Todas esas pruebas, claro, serán de enorme riesgo para la vida de Patoruzito, punto clave en el que el malvado apoya su estrategia, ambición y posibilidad de triunfo. ¿Lo logrará? A continuación, la primera de las tres partes en que está dividida (para este blog) la aventura (2).













(1) Publicado en el artículo “Un poco de historia”, perteneciente al libro “Patoruzito”, Clarín, 2007 (página 13).

(2) La misma fue republicada en 1958 en “Correrías de un pequeño gran cacique Patoruzito”, con el título de !Chiquizuel, el brujo diabólico!. Las siguientes historias del semanario también pasarían a la mencionada revista apaisada.




lunes, 4 de junio de 2012

Caloidoscopios



Para finalizar este breve (y por lo tanto incompleto) recorrido por la obra de Carlos Loiseau, viajamos al mundo de los Caloidoscopios, espejo de sus muchas posibilidades creativas. Desde los comienzos en la vieja revista dominical de Clarín ya se evidenciaba su gran imaginación para los temas más disímiles. Pero, a mi entender, fue desde los años en que aquella revista pasó a llamarse Viva que Caloi no sólo fue profundizando su mirada, sino que además la fuerza plástica de sus trabajos se hizo cada vez más importante (sin dejar de presentar, por supuesto, dibujos donde lo esencial era hacer reir, lográndolo sobradamente). Una muy buena síntesis de todo esto la aportan las precisas reflexiones de María Verónica Ramírez en la contratapa de Humoris Causa, uno de sus últimos libros:

"Desde hace más de quince años selecciono el material que se emite en el programa televisivo Caloi en su tinta, lo que me ha convertido en una suerte de curadora de la obra de grandes artistas de los más diversos orígenes. Pero más que esta relativa autoridad, es el profundo conocimiento de la obra de Caloi lo que me ha permitido imaginar este libro trazando un recorrido por lo que, para mí, es su producción más exquisita. Son inspiradas metáforas gráficas, alejadas de ese ícono popular de la Argentina que es 'Clemente', que en una genial síntesis de absurdo y poesía, y apoyadas en una poderosa expresión plástica, hacen prácticamente innecesarias las palabras."

Mucho queda por recorrer de la obra de Caloi, o por hablar de sus premios y distinciones, o de todo lo que representó ese programa maravilloso llamado Caloi en su tinta (que por sí sólo merecería extensas entradas), o de la obligación de recomendar la película Anima Buenos Aires (la cual, al menos en la Ciudad de Buenos Aires, se está dando sólo en el cine Gaumont y por poco tiempo más...). De todas maneras, en todos estos casos, es bueno visitar la propia página del dibujante, blogs como el de Nando Cartoonista (que ha aportado muchos videos sobre Caloi, incluídos reportajes), o simplemente pasando por Youtube.

Ahora sí entonces, el grupo de trabajos prometidos. Y aunque cada uno de ellos sin dudas merece un tratamiento particular, este es momento de disfrutar, de pensar un poquito, y de dejar las palabras para otra oportunidad...



Caloi: ilustraciones escaneadas de Humoris Causa (Sudamericana, 2006) y de la revista Viva (Clarín, s/f)


jueves, 24 de mayo de 2012

Un mural para Fontanarrosa


El sitio lt10digital.com.ar informa que existe un proyecto para llevar creaciones de Roberto Fontanarrosa a las medianeras de la ciudad de Rosario, participando asi de la serie de murales del programa Arte a la Vista.

En un párrafo de dicha nota se expresa:

"A dos meses de que se cumpla el 5º aniversario de la muerte del Negro Roberto Fontanarrosa, el próximo 19 de julio, el concejal Diego Giuliano presentó un proyecto para que el programa de murales Museo Urbano Arte a la Vista incorpore a su repertorio obras del brillante escritor y dibujante rosarino. La idea es que en breve se sumen a las medianeras de la ciudad "personajes, caricaturas o representaciones de humor gráfico" tan entrañables como las de Inodoro Pereyra, Mendieta o Boogie el Aceitoso.

Giuliano argumentó que se trata de figuras "icónicas" de Fontanarrosa, un "artista popular rosarino cuyo nombre y obra resultan un sello indeleble de la ciudad hacia el mundo". Por eso, planteó que merecen participar de la serie de murales de Arte a la Vista, un programa creado hace ya siete años que concibe a la ciudad como un "gran museo".


El texto completo que narra este excelente iniciativa, se puede leer a través del siguiente enlace:

http://www.lt10digital.com.ar/noticia/idnot/143057/Piden_un_mural_de_Fontanarrosa_en_Rosario.html



Fotografía: Criaturacreativa.com

miércoles, 23 de mayo de 2012

Clemente, según Caloi


Hace algo menos de cuarenta años Clemente comenzaba su cálida relación con los lectores. Los siguientes fragmentos - extractados de diversas publicaciones - nos acercan al pensamiento de su creador y a distintos aspectos de la tira. Hoy, donde en la contratapa del diario la despedida del personaje de sus hijos no puede dejar de emocionarnos, estas palabras adquieren un valor especial.

La gestación del personaje.
"La página (contratapa de Clarín) no existía. Había media página con material de agencias. Yo ya estaba en la revista, y hacía otras cositas: caricaturas, ilustraciones. El tipo que me llamó era el ex ministro de Defensa, Camilión. Como estaba el MID en el diario, él estaba a cargo de la dirección periodística. Me dijo que querían cambiar, publicar tiras nacionales. No tenían nada: estaba Dobal, ahí perdido, y las tiras extranjeras: Colita, Mutt y Jeff. Me encargó que hiciera o un cuadro o una tira diaria, lo dejaba a mi elección. No sólo eso, sino que en lo posible le llevara gente. Así que llevé a Bróccoli, a Fontanarrosa, a Crist, a Altuna más tarde, y después cayó Tabaré. Así conformamos una patota. El Negro Fontanarrosa y Crist decidieron hacer un cuadro, Bróccoli y yo una tira. La página fue primero la retiración de la contratapa y después pasó a la contratapa.
Busqué el dibujo que hiciera más libremente y me di cuenta que al hablar por teléfono o en cualquier momento en que me ponía a jugar con el lápiz, hacía una especie de pajarito rayado y un hombrecito con gorro. Era un dibujo casi inconsciente. Entonces decidí trabajar sobre esa base: la facilidad, la forma espontánea.

(Clemente) es de Piscis, nació el 13 de marzo de 1973 (...). En realidad, la tira empezó el 12 de marzo, pero en ese entonces el personaje principal era otro, que se llamaba Bartolo. Clemente apareció por primera vez al día siguiente. La hora de nacimiento la calculamos por la hora de aparición del diario, es decir que tiene ascendiente en Acuario. El personaje estaba creado desde hacía tres meses, pero ese tiempo lo consideramos como la época de gestación.

Tenía muy fresco el recuerdo de Quino, justamente, que por hacer un personaje tan cerrado, con tan poco absurdo, había terminado casi loco (…). Me dije ‘no quiero volverme loco’. Y pensé en algo muy absurdo. Para mí eso significaba algo con cierto vuelo poético y que fuera indefinible. No sólo Clemente: también Bartolo era impreciso: anda en un tranvía de una sola rueda, tiene un cuerpo raro. Yo lo que quería era entrar y salir de la realidad, sin ningún tipo de atadura (…). Preferí hacer algo (...) que admitiera la contradicción, la alteración de los tiempos, la deformación física…

Después, a poco de andar, me di cuenta que el que cumplía mejor con estas metas era Clemente y no Bartolo. Porque Bartolo, además de andar en un tranvía (que me costaba mucho dibujarlo, cada vez), quedaba enganchado en un clima de nostalgia, de melancolía. Resultaba esclavizante. En cambio Clemente era más fresco: posibilitaba un tratamiento más periodístico (…), cumplía un poco mejor con lo que yo me había propuesto, que era una cosa suelta, libre…
La censura. Clemente y los papelitos.

(…) Al empezar era la época de Lanusse. Después vino una oportunidad para mí muy importante, de poder ligar toda mi historia de los barrios, de la calle, con lo que pasaba políticamente en Argentina, que era la vuelta de Perón, las grandes movilizaciones, la participación. Yo militaba en la Juventud Peronista. La tira estaba muy indefinida, pero pude ligar por primera vez, por la censura anterior, la visión periodística con mi historia personal: la de ser un atorrante, un callejero.
(Sobre las tiras censuradas) A mí no me gusta llamarle censura, porque yo no soy editor, soy el dibujante. Yo no le llamo tiras ‘censuradas’, sino tira ‘no publicadas’, para no herir susceptibilidades. Eran las tiras de la época de la dictadura. Un ejemplo: cuando asumió Galtieri dijo en su primer discurso que él era un tipo dispuesto a dar un paso hacia adelante. Tratando de hacerla suave, lo cité, y después agregué: ‘Yo lo veo medio peligroso a eso de ir al frente en este momento’. Y en el cuadrito final: ‘Estamos parados al borde del abismo’. Esa fue una tira ‘no publicada’, pero hubo muchas.

(En la época del Mundial ’78) La censura era tan grande que uno ve hoy las tiras y son pueriles. Pero estábamos pendientes de por donde podíamos meter algo, una cosita. Eso fue creando con la gente un código, muy imaginativo, donde la mayor parte de las cosas la ponía la gente. Clemente miraba a cámara, guiñaba un ojo, cruzaba una patita, y eso ya desataba un montón de fantasías, vaya uno a saber de qué tipo. Clemente era un personaje popular entre los lectores de Clarín, en el ’78. Pero Muñoz empezó a hacer una campaña per se, que se sumaba a una campaña que estaban haciendo los militares, el gobierno, respecto del Mundial. Se iba a realizar en la Argentina, eso ya estaba asignado. La campaña era que los argentinos tenían que comportarse bien. A los tacheros les decían que no había que llevar a los turistas a dar vueltas para cobrarles de más, no había que empujar. Nos trataban a todos como inadaptados. El subtexto de eso era ‘acá todos son unos hijos de puta, pero que no se note’. Era una campaña muy agresiva, en radio, en televisión, en la prensa, bien organizadita por la Secretaría de Difusión Pública. Agregado a eso, por la de él, Muñoz decía: ‘Y no hay que tirar papelitos porque ensucian la cancha y vamos a dar la imagen de un país sucio’. Como si la suciedad estuviera ahí.

En esa cosa que tenía uno de estar esperando el momento, Muñoz me la dejó picando. Clemente decía: ‘¿Cómo no vamos a tirar papelitos, si los argentinos tiramos papelitos?’ Y todos sabemos que en Argentina el fútbol no termina con los veintidós jugadores, sino que incorpora el marco, la participación de la hinchada, y los papelitos. Que además me gustan mucho, a mí, personalmente. Esto fue captado con una precisión increíble por la gente, que tiró más papelitos que nunca. Al punto que la policía le sacaba los diarios a la gente. Había que pasar como ocho vallas para llegar a la cancha, para evitar los colados, etc. Entonces hacían contrabando de papelitos. Además había banderas, y la gente le cantaba a Muñoz: ’ ¡Muñoz, Muñoz, Clemente te cagó!’

(…) El cartel luminoso lo manejaba la FIFA. Entonces los tipos que manejaban el cartel luminoso, una empresa que se llama Autotrol, dijeron: ‘Mirá, nosotros somos hinchas, y queremos informar de los cambios, la constitución de los equipos, tiempo de juego, y hacer publicidad de Coca Cola y Café do Brasil (que eran los dos sponsors del Mundial). ¿Por qué no nos hacés un Clemente?’ El cartel en ese entonces era una novedad, y ellos habían hecho un Clemente, pero era horrible. Así que diseñé con las limitaciones del tablero: formado por cuadraditos y líneas. Se los di y les di un texto: ‘¡Tiren papelitos, muchachos!’ Y ellos me pidieron autorización para cambiarlo de vez en cuando. Efectivamente cuando iba a aparecer Argentina, aparecía Clemente, y las frases. La gente se volvía loca. En Rosario, donde la cancha de Central no tiene pista, es estrecha, tiraron tantos que no se veía nada. Entonces por los altavoces exigían que dejaran de tirar, y en el tablero, en cambio, Clemente daba manija para que siguieran tirando.
Clemente en TV.

Fue cuando lo hicimos en televisión, en el ’82, donde aparecieron personajes como el hincha de Camerún. Como era un personaje popular, había varios tipos que me habían ofrecido hacerlo en televisión.

(…) Estuvimos un año trabajando en el prototipo del muñeco. No tenía nada que ver con los Muppets: no se maneja de abajo, sino de atrás. Había que combinarlo con una tecnología que recién comenzaba a conocerse, que era la chroma-key: un fondo azul sobre el que podés superponer personajes y después combinarlos con un fondo (…). (El tamaño del muñeco) era de unos cuarenta centímetros.
(Se grabaron) muchísimos episodios. Eran cortos de dos o tres minutos. Nuevamente Mafalda me sirvió para inspirarme. Quino había quedado muy disconforme con los dibujos animados de Mafalda, no le gustaban las voces. Siempre creí que lo que había pasado con Mafalda (que a mí me gustaba, tanto la animación como las voces) era cuando veía la tira adaptada ya sabía cómo terminaba, porque me acordaba de la tira gráfica. Era una traslación mecánica de la tira gráfica al dibujo animado, sin reconocer el nuevo medio. La tele es otra cosa. Hay voces, sonido, color, movimiento. Lo que hice fue armar un equipo. Entre los guionistas era uno más, el director. Lo que quería hacer era conservar el espíritu, pero meterle cosas nuevas. Metimos tribunas, cantos. Lo llamé a Dolina y a Faruk, trabajamos los tres juntos. Después yo dirigía la puesta. El tipo de los muñecos era Rusquellas, un fenómeno. Había muchos muñecos, y una tribuna con 24, manejados por varias titiriteras, vestuaristas, dibujantes.
Con Dolina hacíamos cosas lindísimas… cosas de la infancia, del barrio, de la nostalgia… y la gente quería el ‘Burúm-bum-bun’. Yo me volvía loco. Era una Clemente negro, con un huesito, sentado en una tribuna, que decía ‘Burúm-bum-bun, burúm-bum-bun, yo soy el hincha de Camerún’ y nunca pudimos hacerle decir otra cosa. La gente quería eso (…).
En total, con fuerza, duró tres años. Después tuvo etapas de seis meses, de tres. El éxito fue resonante. Yo estaba sorprendido. Los éxitos de Clemente siempre me sorprendieron angustiado. En el ’78 cuando la gente le gritaba a Muñoz en la cancha, temía por mi seguridad personal. Porque había banderas, carteles: era una provocación. En el ’82 estaba angustiado por Malvinas, como todos los argentinos. Pero además le veía todos los defectos al muñeco: hablaba y no se paraba bien, cosas así. Yo quería un tiempito para refinarlo, tomarle la mano. Pero salíamos al aire y la gente cantaba por la calle las canciones de Clemente. Así que yo estaba loco, porque para mí era un adefesio, y sin embargo la gente se fanatizaba.
Empezaron a fabricar muñecos por todas partes. Tuve más de sesenta juicio contra piratas. A mí me lo ofrecían, en mi viaje desde mi casa al centro, en dos paradas. Además eran horribles: una especie de gusanos deformes (…). Mucho tiempo después en Clarín, una vez que iba a entregar una tira (…) había un tipo con pibes en brazos, la señora. Y me dice: ‘Venimos a darles las gracias’. Y yo le digo: ‘¿Por qué?’ ‘Porque gracias a usted pudimos vivir, porque hicimos Clemente’. ¡Los tipos habían zafado y le habían dado de comer a los hijos con Clemente! Yo les palmeé la cabeza a los pibes, mientras el tipo me decía: ‘¡No se imagina la cantidad que vendimos! Yo los dibujaba en la tela, mi señora los recortaba y los chicos lo armaban’. Pero al lado de eso agarramos una fábrica que tenía 300.000 muñecos.

Fue una etapa linda, distinta, de mucho laburo, porque había que tener realmente mucho aguante para todo eso. Yo controlaba todo: los guiones, la voz de Pelusa Suero. Al principio le decía cómo quería que hiciera el personaje, porque le salía la voz muy parecida a Larguirucho, que había hecho antes. ‘No’, le decía, ‘Larguirucho es medio bobón. Ponete una mano en el bolsillo y hacete el porteño, para acercarte más a Clemente’. También la ropa, la música, la edición: vivía para eso. Era más joven, tenía más aguante físico.
Detalles.
(La Mulatona, la guerra de las aceitunas, etc.) son los espacios que uno tiene cuando no está contaminado por la actualidad, que son los más interesantes para mí. No sé si para la gente. Cuando descubro una punta le meto hasta que dure. No hay una planificación previa.

Uno está pensando permanentemente. Pero en realidad
(la tira) me pongo a hacerla tarde, necesito la presión del cierre (diez de la noche). Yo llegué a entregar a la una, a las dos, a veces esperando el resultado de un partido. Empiezo a dibujar a partir de las siete…
Creo que la tira se renueva, además de sus características intrínsecas, por la actualidad. Así como en la época de los milicos uno no tenía ninguna noticia, y había que alimentarla con la vida interior de la propia tira, ahora terminás el día y hay tres o cuatro noticias que te dan argumento.

Clemente es, ante todo, un pibe de barrio."

…Y Clemente también opina:
"(Caloi) es un negro que me mira fijo y me apunta constantemente con un plumín, con la rara habilidá de ir pegándome siempre en los contornos.

¿Qué edad me gustaría tener? Cualquiera. Para el humor no hay edá."




Bibliografía:
Charla con Juan Sasturain en "Caloi: 20 años no es nada" (Hyspamerica, 1988).
Reportaje de Elvio E. Gandolfo en "El Libro de Clemente" (Ediciones De la Flor, 1996).
Nota a Caloi en la revista "Radiolandia 2000" (1978).
Accorsi, Andrés: Reportaje a Caloi en la revista "Comiqueando" número 7 (noviembre 1994).
"Clemente, una historieta popular con calidad de museo" (nota aparecida en la sección Cultura del diario Clarín el 11 de junio de 2004 con motivo de la muestra "Clemente 30 pirulos" realizada en el Palais de Glace).


martes, 22 de mayo de 2012

Segunda reunión del año de los FANS de Dante Quinterno

Recibí a través de Hugo Sangiácomo, del grupo de Fans de Dante Quinterno, algunas imagenes de la última reunión, celebrada el sábado pasado.
Estos encuentros - que se iniciaron hace algunos años y ya han superado la veintena - son siempre un momento para la amistad y para compartir gustos en común. De mi parte, siempre está el deseo de que sigan repitiéndose por muchos años. ¡Un abrazo para todos!

sábado, 19 de mayo de 2012

Carlos Garaycochea, Ciudadano Ilustre de Buenos Aires (video)


El siguiente video fue subido a Youtube por Proyecto Sur Medio el pasado 17 de mayo. Un merecidísimo reconocimiento al gran ser humano y maestro del dibujo humorístico que es Carlos Garaycochea.


Garaycochea, acompañado por Pancho Ibáñez, Juan Carlos Mesa y Julio Lagos













martes, 15 de mayo de 2012

Carlos Garaycochea será declarado hoy Ciudadano Ilustre

Hace unos meses habíamos comentado que Carlos Garaycochea sería declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. El día ha llegado y será hoy por la tarde en el Salón Dorado del Palacio Legislativo. Tal como expresa la nota del sitio Terra noticias:

El humorista gráfico y artista plástico Carlos Garaycochea recibirá la distinción de Ciudadano Ilustre otorgada por la Legislatura Porteña, en un acto que se realizará el martes a las 18, con entrada libre y gratuita, en el Salón Dorado del Palacio Legislativo, Perú 160.
El homenajeado convocó a Juan Carlos Mesa, Julio Lagos y Pancho Ibáñez para que, durante la ceremonia, lo ayuden a repasar su vasta trayectoria como humorista gráfico, libretista y actor de radio y televisión, pintor de obras abstractas y autor de teatro y café concert.
Garaycochea publicó en las revistas El Gráfico, Atlántida, Billiken, Esto es, Gente, Humor, Satiricón, Rico Tipo, Tía Vicenta, Patoruzú, La Revista, TV Guía y en los diarios Crítica, El Mundo, La Nación, El Cronista Comercial, Crónica y Tiempo Argentino.
A lo largo de su carrera, fue ilustrador de portadas de discos, tarjetas, folletos publicitarios, sobres de azúcar, juegos de naipes y pósters, al tiempo que participó de numerosas muestras individuales y colectivas de humor gráfico.

Para quien desee ver la entrada subida sobre este tema, que incluye una breve biografía de este enorme dibujante, cliquear en el siguiente enlace:

http://www.sonrisasargentinas.blogspot.com.ar/2011/09/garaycochea-ciudadano-ilustre.html

Desde Sonrisas Argentinas, quien alguna vez fue su alumno le envía una gran felicitación por este reconocimiento tan merecido.



Imagenes tomadas de Elcaleidoscopiodelucy.blogspot.com y de Noticiario-sur.com.ar, respectivamente.

domingo, 13 de mayo de 2012

Primeros trabajos

En estos días pensaba en algo muy particular que suele suceder con humoristas como Caloi, Fontanarrosa y otros grandes: a diferencia de ciertos personajes de la tele, el deporte o la política, que están permanentemente en el candelero, los dibujantes pasan más desapercibidos, están ahí, no se habla mucho de ellos, sus historietas y sus dibujos en general se han hecho tan cotidianos, tan parte de cada día, que su lectura parece de lo más natural. Y sin embargo, cuando se producen estas noticias tan tristes, surge con una fuerza emocionante todo ese cariño que la gente tiene guardado dentro de sí por estos seres especiales y que termina siendo muy superior al brindado a aquella gente a la que nos referíamos al comienzo, y sin distinción de banderas ni ideologías de ninguna clase.
Qué cosa, no? Si dijésemos que por algo será, todos entenderíamos de qué se trata ese "algo".

Por todo esto, creo que sería muy bueno ir intercalando durante este mes distintos momentos de la obra de Caloi. Empezamos hoy con la etapa anterior a la llegada de Clemente:

Carlos Loiseau nació en Salta el 9 de noviembre de 1948, hijo de Luis Alfredo Loiseau y Juana Margarita Cáceres de Loizeau. Luego se trasladó con su familia a Adrogué. Estudió en el Colegio Nacional Buenos Aires y tuvo un muy breve paso por la Escuela de Bellas Artes de La Plata. Militó - en esos años de juventud - en el peronismo.
Comenzó a publicar sus dibujos en 1966 en Tía Vicenta, pero la aventura duró poco tiempo ya que la revista fue cerrada, decreto de Onganía mediante.
En 1968 llegó a Clarín. Pasó por Tío Landrú, Panorama, Primera Plana, Análisis, Adán, María Belén, Siete Días y Satiricón, entre otras.
En 1969 ilustró parte de un libro de Almendra, el grupo de Luis Alberto Spinetta de ese tiempo. El mismo año y hasta 1971 realizó la campaña de los cigarrilos "Parliament": sus dibujos aparecieron en diarios, revistas, afiches y cortos de tv.
En 1970 fue autor de un corto de dibujos animados: Las Invasiones Inglesas. Posiblemente de ese mismo año sea su coautoría en el guión del largometraje "Balada de don Quijano y Sancho Pinza".
Entre tanta actividad, se había casado con 19 años, separándose a los 21.
En este período se presentaron sus dos primeros libros, recopilación de algunos de sus trabajos:
El Libro largo de Caloi (1968) y Humor libre de Caloi (1972).
También el catálogo referido a "Parliament" (1970), además de ilustrar un curioso librito titulado "Como atender a su médico".

En definitiva, ya se van delineando en estos primeros tiempos de su obra varias de sus características y temas predilectos: la reflexión sobre la realidad político-social, los contratiempos en las relaciones de pareja, el barrio, el tango, el deporte, etc; muchas veces matizados con toques surrealistas, poéticos, melancólicos...

Las siguientes son imagenes pertenecientes a las obras mencionadas (salvo la indicada):

Su primer dibujo publicado (Tía Vicenta, 1966)

(Ediciones Hombre Nuevo, 1968)

(Catálogo Parliament, Benson & Hedges/Radiux Publicidad, 1970)

(Editorial Nueva Senda, 1972)

(CAEME, 1972)




El dibujo publicado en Tía Vicenta fue extraído del libro de Caloi "20 años no es nada" (Colección Grandes Humoristas Argentinos, Hyspamerica, 1988).

Caloi: el artista y el amigo (II)

"Tuve la posibilidad de conocerlo como persona, y me trataba de igual a igual. Conocerlo fue una experiencia muy buena y lo valoro en su totalidad como un referente, un maestro, un dibujante con compromiso social. Tengo una profunda admiración y agradecimiento hacia él. Les abrió el camino a muchos dibujantes. Fue tan importante porque trascendió la coyuntura. Creó un universo de personajes que se instalaron en el imaginario popular" (Claudio Kappel).

"Te daba todo lo que tenía, era familiero, peronista de la primera hora, defensor de esa definición popular: “nunca me metí en política, siempre fui peronista”. (…) Ahora andará por ese mundo de nubes hechas con muchas rayitas, barcos de papel que navegan los arroyos que corren junto al cordón de la vereda, o tal vez, en un submarino amarillo por el Mar Negro, negro de tinta china, por supuesto" (Crist).

"Pasa lo mismo que cuando murió Fontanarrosa; siempre vas a poder abrir sus libros y reírte. Dejar sonrisas es una herencia muy difícil de poder igualar" (Horacio Altuna).

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"Sufrió la censura en distintas ocasiones y con los años aprendió a gambetearla deslizando sutilmente sus ideas entre las viñetas. Pasa que –el lector disculpará la expresión– era un humorista del carajo. Uno que reflejó con inteligencia y agudeza la idiosincrasia argentina en general y porteña en particular, destacando rasgos y contradicciones. También fue difusor indispensable de la animación de autor, con su ciclo televisivo Caloi en su tinta, que lo convirtió en referente a nivel mundial y que hoy resulta clave para explicar la pervivencia de la disciplina en Argentina" (Andrés Valenzuela).

"Como comunicador desplegó un ejercicio de conexión notable con las clases populares y su obra sirvió para que los argentinos nos reconociéramos reflejados en ese espejo de papel que era la página de un diario. Es el mismo caso de Fontanarrosa, su amigo querido" (Carlos Nine).

"Caloi era un tipo muy querible. Las pocas veces que lo ví a lo largo de mi carrera fueron encuentros muy cálidos. Siempre me tiró buena onda desde que empecé. Él fue la primer persona que vi cuando eligieron a Nelly en la contratapa de Clarín y fue muy grato compartirlo con él. Desde el lugar de la historieta creó uno de los personajes más populares. Eso es indiscutible. Creó un código y un estilo muy propio de lo que es Buenos Aires y ser porteño. Rescato ese registro tan popular, indiscutiblemente popular. Clemente es sinónimo de Buenos Aires" (Sergio Langer).

Caloi es un referente fundamental en el humor argentino. Tiene “lo que hay que tener”: una mezcla de ternura y sabiduría inefable, esa filosofía que nos acerca la complejidad metafísica a lo cotidiano. Yo lo sigo desde siempre, y todavía en mi casa en Flores, en Buenos Aires conservo como tesoros “El libro largo de Caloi”, “Caloidoscopio I” y “Aquí me pongo a cantar”. Vivo en España pero lo sigo por Internet. Y cuando llego a Buenos Aires me zambullo para ver sus novedades. Caloi es leve, pero nunca “light,” ni banal. Como decía Italo Calvino: “la levedad es un atributo fundamental de la poesía” (Diana Raznovich).

sábado, 12 de mayo de 2012

Caloi: el artista y el amigo (I)

Fragmentos de lo expresado por sus colegas y amigos a través de distintos medios, más algunos de los dibujos que lo homenajearon:

"Más allá de todo lo que hizo con Clemente, desarrolló el interés en el dibujo animado. En su programa se conocieron públicamente cosas que nadie llegaría a darse cuenta, y que ahora están a disposición del público. Si no era por Caloi no se conocían esos genios de la animación" (Alfredo Sabat).

"Se pierde un pedazo de tu infancia y tu adolescencia con la muerte de Caloi. La caricatura es como esa compañía constante, que está todos los días, te saluda y te dice una tontería que se le ocurrió. Muchas veces te acostumbrás y no te das cuenta de que está ahí, pero te acompaña todos los días" (Liniers).

"Yo te saludo, pájaro burlón,
y en vos a todos los que, de atorrantes
aún tienen –porque tuvieron antes–
para toda la vida, el corazón"
(Juan Sasturain).

"Caloi perteneció a una generación que renovó el humor. Esa generación, en la que estaban Roberto Fontanarrosa, Les Luthiers, Jorge Guinzburg, Carlos Abrevaya, Alejandro Dolina, entre otros, explota a finales de los ’60 y principios de los ’70 con un humor muy inteligente. Yo me sentí totalmente identificado con ese humor. Caloi era inteligente, cómplice con el lector u oyente" (Rudy).

"Caloi fue un creador más en la larga cadena para embellecer nuestro arte popular. Su humor ha sido rebelde, melancólico, porteño, futbolero, hedonista y atorrante" (Rep).

"Con Caloi jugué años al básquet en Gimnasia y Esgrima, y su hijo estudió en mi escuela". "Se fue un pedazo mío, siento que se ha muerto una parte de mí" (Carlos Garaycochea).

"Era un tipo muy accesible, llano, simpático, así como lo veías en la televisión, en “Caloi en su tinta”, era así de piola (…) Me encanta la poesía que él le ponía a sus cuadros. Es así: Quino dotaba a sus dibujos de reflexión, Fontanarrosa manejaba como nadie el costumbrismo y Caloi ponía en práctica la poética del dibujo" (Chanti).

“Fue un historietista fundamental e inevitable, no sólo de Argentina sino del siglo XX. Además, era una gran persona, muy desprendido, nada pedante, ni amarrete con sus saberes y con todo lo que podía ayudar a sus colegas. Fue uno de los faros” (Max Aguirre).

"El negro tenía una inmensa virtud: fue el alma máter de la página de Clarín que revolucionó el humor en los diarios argentinos. El humor de él fue diferente. Además de ser popular, estaba hecho con elementos populares. Tomó cosas del común de la gente y con eso hizo un humor que era para el común de la gente. No tomó a lo popular como estúpido, sino como lo que es: una inminencia en lo cotidiano" (Sendra).

martes, 8 de mayo de 2012

Esta noticia que nunca hubiésemos querido escuchar

Murió Caloi. Sí, la gente buena y talentosa también se muere. La noticia me llevó inmediatamente a recordar que el primero de los dibujos autografiados por un humorista gráfico que obtuve fue obra de Caloi. Adolescente y tímido, fue una hazaña animarme a pedírselo tras una charla suya en una institución de arte, pero su calidez solucionó el tema y me fuí con una alegría inmensa. Esa misma alegría que él nos regaló desde los años '60 hasta hoy. Y no sólo con su querido Clemente, sino también con sus grandes dibujos dominicales, de los cuales surgió uno de los mejores libros recopilatorios de humor gráfico que he leído: "Humoris Causa".
Ahora, las sensaciones no me dejan lugar para mucho más. Ya habrá tiempo para subir imagenes. Pienso en las tantas y tantas generaciones que hemos crecido y vivido junto a sus trabajos. Por eso, rectifico lo que expresé al comienzo: Caloi no murió, está y estará en el recuerdo de todos. Como Ferro, como Fontanarrosa, forma parte de nuestras vidas. De la parte feliz de nuestras vidas.