Este blog está dedicado al humor gráfico argentino y tiene como objetivo el repaso de los autores, las historietas y los personajes que le dieron brillo; basándose en el material de revistas, diarios, libros y otros documentos que ayuden a recordar momentos entrañables de este valioso arte y oficio, sin por ello dejar de referirse a la producción de los autores de hoy. En suma, un recorrido por una historia y una actualidad de indudable riqueza.
Son bastante escasas las revistas no especializadas en el tema de la historieta en particular o el dibujo en general que han presentado notas y entrevistas dedicadas al humor gráfico: Entre las décadas del 30 y el 50 la Editorial Sopena -a través de ¡Aquí Está y Leoplán- fue una de las primeras. Se sumó El Hogar en los 40 y luego los semanarios Gente y Siete Días desde los 60 a los 80 aproximadamente. También las revistas dominicales de Clarín y La Nación aportaron lo suyo, a las que se agregaron más tarde algunos suplementos de Página/12.
En los 90, La Maga dio especial relevancia a estos temas, intercalados con los correspondientes a política, cine, teatro, literatura, cine, plástica, fotografía y varios etcéteras.
De esta manera, tenemos por delante una amplia cantidad de documentos provenientes de tal publicación para presentar en el blog durante 2015.
Empezamos con el siguiente reportaje a Caloi (a cargo de Gabriela Tijman), en el marco de una serie de artículos referidos a las particularidades de distintos oficios y profesiones, relatados por grandes artistas. El mismo está dividido en dos partes, las cuales aparecieron en los números 226 (15/05/96) y 227 (22/05/96) de la mencionada revista.
El viernes 13 de febrero falleció Osvaldo Viola, uno de los más grandes dibujantes de historietas de la Argentina.
Cómo olvidar mis años de la infancia leyendo Anteojito,y en especial la gran creación de Oswal: Sónoman y su poder músico-mental...
Muchos años después tuve la oportunidad de conocerlo en laEscuela de Dibujo de Carlos Garaycocheay, aunque no me dieron los tiempos como para asistir a su Taller de Historietas, me llevo el recuerdo de un hombre sabio y sencillo, siempre sonriente, amable y dispuesto a escuchar. Un verdadero grande, que también supo cultivar el humor en sus aventuras dibujadas.
Ilustración para la portada del Tomo I de Sónoman, editado por De la Flor
Osvaldo había nacido en Bernal (Provincia de Buenos Aires) el 1º de noviembre de 1933.
Transcribo de la página de la mencionada escuela los siguientes datos sobre su rica trayectoria:
-Inicia su carrera ilustrando algunos episodios de Ernie Pike, de H. Oesterheld, para sus revistas “Frontera” y ”Hora Cero.
-En 1965 realiza adaptaciones de clásicos como David Copperfield y Robinson Crusoe para “Anteojito” y al año siguiente da vida a su gran personaje Sónoman, con guiones propios, publicándolo durante diez años y retomándolo en otras etapas.
-En 1975 publica 15 episodios de otra historia propia: El Espíritu de Mascarín.
-Colabora en las revistas “Chaupinela”, “Skorpio”, “Satiricón”, “Trix’, “Cimoc”, “L’Eternauta” (estas dos últimas, europeas), etc.
-Trabajos como Consummatum Est (guión de Yaqui), Big Rag (guión de C. Albiac), Mark Kane (guión de L. Howard) y Buenos Aires, las Putas y el Loco (guión de R. Barreiro) se publican durante las décadas del ´70 y ´80 en Europa. También encara la extensa historia de Pieter Thijsz.
-En 1998 se edita en Francia el libro ”Sombres Destins”, con argumentos del español Enrique Sánchez Abulí.
-Con Albiac dibuja la historieta infantil Lejos Pratt, para “Anteojito” y “La Nación”.
- Incursiona en la ilustración editorial y publicitaria y durante muchos años es profesor, además, en la Escuela de Bellas Artes de Quilmes.
-En 2001 se expone “Sónoman: 35 Años de Aventuras” en el Centro Cultural Recoleta.
-En 2010 comienza a reeditar las aventuras de Sónoman en formato libro y presenta la muestra “Historietas & Dibujos” en la Alianza Francesa de Buenos Aires.
OSWAL, EL PADRE DE SONOMAN, EL SUPERHEROE ARGENTINO
Argentina SonoMan
Por Martín Pérez
Página/12 - Domingo 14 de Noviembre de 2010
Durante una década, Osvaldo W. Viola, más conocido como Oswal, escribió y dibujó para Anteojito a Sónoman, el superhéroe local que marcó a una generación y ahora acaba de ser rescatado con gran lujo en un flamante volumen de Ediciones de la Flor. En estas páginas, Oswal charla de la edad de oro de la historieta argentina, de su pasión por Will Eisner y Rembrandt y su trabajo con Oesterheld, además de anunciar su primera novela gráfica, que está a punto de terminar.
Pulgar, índice y mayor. Con el brazo y esos tres dedos extendidos, es que Sónoman hace uso de su poder-músico-mental. Su superpoder es el sonido, y nuestro personaje lo usa para viajar por el mundo y el tiempo, atravesar paredes, sopapear a sus adversarios y hacer todo lo que esos hombres en calzas y capa saben hacer. Al menos desde que dos jovencísimos artistas judíos decidieron que lo nietszcheano bien cabía en la narración a cuadritos, crearon un superhombre con la S bien grande sobre el pecho, y nació uno de los pilares de la cultura popular y masiva del gran país del norte, y también de su industria del entretenimiento.
Si alguna vez hubo un superhéroe completamente argentino y en serio, ese siempre fue Sónoman. Casi como un caso aislado, como la excepción que confirma la regla dentro de la historieta local, cuya escuela –a grandes rasgos– es la antecesora de la historieta adulta europea de la segunda mitad del siglo pasado. Después de todo, si los norteamericanos inventaron las tiras diarias y las revistas de superhéroes, la adultez de la escuela franco-belga tuvo su antecedente de este lado del charco, donde nada casualmente se formó Hugo Pratt y nacieron muchos de los dibujantes que de los años setenta en adelante supieron brillar en el viejo continente.
Por supuesto que dentro de ese devenir histórico, una burda simplificación para el manual del buen alumno, siempre hay realidades que no encajan. Sónoman es una de ellas. En una tierra casi orgullosamente sin superhéroes, la obra que Osvaldo W. Viola creó durante una década para una revista infantil como Anteojito se yergue por derecho propio como el gran superhéroe local. Pero no por respetar burocráticamente los parámetros que rigen al género, sino justamente por todo lo contrario. Por ser original, por insuflarles vida a esas reglas muertas y por permitirse ser personal casi sin buscarlo. Quienes crecieron leyendo a Sónoman, sabían que había algo especial en ese personaje también con capa y algo parecido a una S en el pecho. Pero fue el tiempo el que confirmaría esa intuición infantil, en parte al demostrar Oswal su talento y maestría para la narración a cuadros con cada nueva historia. Y también porque el personaje una y otra vez se negó a desaparecer.
"Yo no hice nada, eh”, sonríe Oswal, cuando se le celebra no haber dejado de insistir con su primera creación. “Todo lo hizo Sónoman”, agrega, abarcando con ese todo las sucesivas reapariciones del superhéroe en toda clase de diarios y revistas, el rescate con que lo honró Soda Stereo a mediados de los ’90 (en los agregados no-MTV de su disco Confort y música para volar) y la estampilla que le dedicó el correo argentino en el 2003, en su tercera serie dedicada a la historieta, junto a El Mago Fafá, Savarese, Hijitus y Diógenes y el Linyera, entre otros.
Y, por supuesto, también el flamante volumen editado a todo lujo y color por Ediciones de la Flor, que merecidamente rescata sus aventuras tanto para un hipotético público nuevo como para el que nunca dejó de esperarlo.
UNA ESCUELA DE UN SOLO HOMBRE
Fernando Matoldo Dibujos (Blog)
Uno de los recuerdos que atesora Oswal de sus inicios dentro del mundo de la historieta y el humor gráfico argentino es de su época de oro, que coincidió con sus comienzos. “Siempre fui tímido, pero también bastante atrevido”, es como se presenta, buscando explicar cómo fue que se atrevió a golpear ante la puerta que decía Dirección y no en la de Redacción la primera vez que se acercó a Rico Tipo con su carpeta llena de dibujos bajo el brazo. Con su bata y su pipa, el que entreabrió la puerta y se asomó fue nada menos que Divito, el legendario director de la revista. “Con una sola mirada se dio cuenta de quién era yo y qué quería, y me cerró la puerta en la cara”, recuerda. “Pero durante ese segundo que se entreabrió la puerta, alcancé a ver un sofá enorme ocupando media oficina, donde estaba sentada una modelo digna de sus dibujos”, cuenta Oswal, que a pesar de semejante desplante, terminaría siendo socio de Divito en una empresa dedicada a los dibujos animados publicitarios. Lo que nunca llegó a conocer fue la magia –por llamarlo de alguna manera– de una redacción, ya que confiesa haber sido más bien un solitario, una condición que explica perfectamente su ubicación dentro del mundo de la historieta local, un bicho raro como su personaje más conocido, una escuela en sí mismo, un maestro que aparece en los lugares menos pensados, buscando su lugar en la historia.
Nacido en Bernal pero criado en Quilmes, Osvaldo W. Viola es hijo de un padre jefe del taller mecánico de un banco. Pero en su hogar, recuerda, siempre hubo muchas inquietudes artísticas, mucha música, y también literatura. “Nací dibujando”, recuerda este lector de revistas como Pato Donald y Patoruzito, que por entonces no sólo referían a los personajes de Disney y Quinterno, respectivamente, sino que sus páginas estaban llenas de todo tipo de historietas que continuaban semana a semana. Pero a la hora de hablar de sus más grandes referencias, Oswal prefiere escapar del corset del género, y dice que lo que sabe lo aprendió en los bares, hablando de filosofía. “Cuando uno es autodidacto, nunca deja de aprender”, calcula. Y asegura que la mujer que más lo conoce es la que aparece en un cuadro de Rembrandt, el único con esa firma que atesora el Museo Nacional de Bellas Artes. “Me debo haber quedado horas mirando ese cuadro, ensimismado, iba constantemente a verlo.”
Una de las particularidades de cualquier página de historietas firmada por Oswal, de cualquiera de sus personajes, es el movimiento. Algo que tal vez tenga que ver con que en un principio, antes que historietas, lo que siempre soñó fue hacer dibujos animados. Se metió en ese negocio, e hizo piezas para toda clase de marcas y artículos –“la que me nombres, yo la hice”, asegura–, pero en su recuerdo siempre aparecen también esos momentos iniciáticos golpeando puertas en redacciones. Así como fue con su carpeta a Rico Tipo, y lo terminó atendiendo Toño Gallo, supo pasar por Patoruzito, donde cada consejo de Tulio Lovato le servía para trabajar un mes, según afirma. Antes que los nombres famosos del género, Oswal elige nombrar como referentes a esos trabajadores hoy casi anónimos, pero que vieron pasar a todos los talentos de su época, y también a los principiantes como él.
La oportunidad de encontrar finalmente un lugar en una redacción le llegó a mediados de los años sesenta, cuando García Ferré perdió con Columba los derechos de Batman, y quiso tener su propio superhéroe. “No me gustaban los superhéroes, pero sí la posibilidad de un trabajo fijo”, confiesa Oswal, que había ingresado en la revista adaptando a Dickens, uno de sus autores preferidos. Y de su amor por la música nació Sónoman, el personaje con el que, durante los diez años ininterrumpidos que salió en las páginas de Anteojito, no sólo le proporcionó ese sueldo fijo, sino que también aprendió a hacer historietas en público.
SUPERHEROES POP
Además de Sónoman, la obra de Oswal incluye maravillas como Mascarín, un extraño antihéroe que supo salir en la revista Chaupinela, y también Big Rag, una suerte de clase magistral de la narración en cuadritos que se publicó en España, con guión del casi olvidado Carlos Albiac. Últimamente, Oswal ha incursionado en obras más adultas y ambiciosas, como Consumatum est o Tango en Florencia, donde siguen descollando todas sus virtudes narrativas. Pero se extraña un poco la soltura de sus mejores páginas, porque si algo se disfruta en su dibujo, de Sónoman en adelante, es su carácter pop y sus juguetonas tramas. Hijo de los ’60, en época en que los superhéroes norteamericanos se conflictuaban psicológicamente de la mano de Stan Lee, Oswal le daba a su súper-personaje características más cercanas al Batman televisivo, con guiños siempre cómplices hacia el lector. Si por algo se caracterizó Oswal, por ejemplo, es por incluir toda clase de referencias por fuera de la historieta, como pseudo-reportajes o artículos que tomaban a Sónoman como algo real. “Es que si vos no te creés lo que hacés, es difícil que te crean los demás”, asegura Oswal, que en el caso del curiosísimo Mascarín, un personaje al que nadie lograba ver jamás, cuenta que él tampoco sabía cómo era. “Es que si yo lograba visualizarlo, la magia se hubiera perdido.”
Un recorrido más exhaustivo por sus personajes, que siempre aparecieron escondidos aquí y allá, casi al margen de la historia oficial del género, debe incluir su trabajo con Oesterheld, que comenzó en algún guión perdido de la última época de Hora Cero y Frontera, y llegó a su culminación con El Astrón de La Plata, una historia de invasión que a fines de los años ’60 comenzó dibujando Lito Fernández para el diario El Día, pero enseguida terminó cayendo en sus manos. “Hace poco recibí una llamada del diario, diciéndome que habían encontrado las tiras originales y pensaban republicarlo, pero desde entonces no tuve noticias”, cuenta Oswal, que adaptó la historia para Skorpio, a comienzos de los ’80, con Oesterheld ya desaparecido, bajo el nombre de Galac Master. “Los primeros capítulos salió con la firma de Oesterheld, pero enseguida la revista la sacó y quedó sólo la mía, por un problema de derechos de autor que tenía con su viuda. Pero los guiones son todos suyos.” Del legendario guionista desaparecido, Oswal recuerda un encuentro que tuvo por la época en que colaboraron en el diario platense, caminando por Florida. Dice que de pronto Oesterheld aseguró haber recordado que debía entregar un guión, subieron a una oficina donde pidió prestada una máquina de escribir, lo tipeó de un tirón y luego siguieron caminando y conversando. Así trabajaba el maestro, al que Oswal celebra que se recuerde. Pero pide el mismo trato para tantos otros nombres que él considera tan magistrales dentro de su rubro, y que permanecen olvidados.
RUMBO AL HORIZONTE
Además de vivir de la docencia, algo que hace desde hace más de tres décadas ininterrumpidas en la escuela de dibujo de Garaycochea, la actualidad de Oswal incluye una novela gráfica con guión de Enrique Abulí, uno de los maestros en el rubro de la historieta española. “Ya tengo el guión completo, y estoy trabajando sin apuro, pero sin descanso”, dice de la que será su primera novela gráfica, con el título de La nieve y el barro. Considerado en España como el Alex Toth argentino –en referencia a un dibujante norteamericano mundialmente famoso, con el que comparte la misma facilidad para las formas y la narrativa dibujada–, Oswal es un alumno dilecto del gran referente de ese tipo de dibujo, Will Eisner.
"Conocí su obra a fines de los ’60, y no paré hasta leerla toda. ¡Hasta me trajeron un autógrafo de él!”, asegura. Cuando era un joven fanático de la historieta, Oswal rápidamente sabía de quién era un dibujo sin mirar la firma. Y eso quiso siempre para él, poder dibujar de una manera en que fuese reconocible al primer trazo.
“Cuando era joven me frustraba pensar que la vida era un camino hacia el horizonte, sin llegar a alcanzarlo jamás. Pero ahora me parece que ésa es una de las maravillas de todo este asunto”, afirma Oswal, el hombre al que se lo reconoce al primer trazo, el autor de un superhéroe tan argentino que no parece superhéroe, un dibujante perdido, un maestro anónimo y al mismo tiempo docente de varias generaciones de alumnos. “Si la historieta desaparece será culpa de los dibujante y los editores, no de la historieta. Ahora todos se deslumbran por los dibujos, pero el secreto está en la historia, en contar”, asegura Oswal, mientras sus dibujos siguen y siguen contando.
“El dibujo es escritura”, asegura Oswal
Por Andrés Valenzuela
Cuadritos, periodismo de historieta octubre 17, 2010
Cuadritos, periodismo de historieta
“¿No se estará haciendo mucho?”, pregunta Oswal aún antes de que se encienda el grabador. “Tanto evento, tanta actividad, ¿no habría que parar un poco la mano?”, reflexiona, a punto de cumplir 77 años. Osvaldo Walter Viola prefiere parar la pelota y hacer algunos apuntes sobre el medio. El papel del guión en la historieta, el del dibujo, su desinterés por las exposiciones (y por qué aceptó la que ocupa ahora en la sede palermitana de la Alianza Francesa en estos momentos -Billinghurst 1926, Capital Federal-), la influencia de Dickens y el trabajo de la metáfora sonora en el dibujo.
Ediciones de la Flor acaba de reeditar Sónoman, su primera creación propia, que data de 1966. Un personaje publicado hasta 1975 en la revista Anteojito que tenía poderes “músico-mentales”, y que luego tuvo algún fugaz regreso al papel. Vista a la distancia, era una historieta de enorme dinamismo dotada de un dibujo increíblemente moderno, que ponía a su autor en la vanguardia narrativa de su época. Sin embargo, para este historietista la auténtica clave del cómic no está en el dibujo, sino en el guión.
“Vos ves mis dibujos, ¿qué tienen de extraordinario? Si así dibujé toda mi vida”, cuesiona los elogios que recibe, “el asunto es a dónde quería llegar yo, ¿conseguí la mitad de lo que quería? Una vecina me dijo una vez que hay que tener la modestia de la violeta, que es la flor más modesta, pero al mismo tiempo sabe que es flor, y eso me quedó grabado toda la vida”. Un dibujante, considera, tiene que ser conciente de sus capacidades, pero siempre aspirar a más. “Caminamos hacia el horizonte y el horizonte se aleja. Cuando no lo entendés te desespera, eso me ha pasado, pero cuando lo comprendés es una suprema felicidad, aunque sabés que no lo vas a alcanzar nunca”.
Para el dibujante, sin embargo, la cuestión central está en otro lado. “¿Cómo puede un país olvidar a sus narradores?”, se inquieta el creador de Sónoman. “Eso también tiene que ver con su economía”, puntualiza. Y aunque admira la figura de Héctor Germán Oesterheld por “traer la aventura a nuestro mundo”, prefiere rescatar el trabajo de otros colegas, como Yaqui, o Albiac, que llevaron su imaginación por lugares lejanos. “Esos mundos que puede proponer la historieta son en sí mismos formidables”, explica, “porque la historieta en verdad no es dibujo, sino narración, cuento, historia”. Para Oswal no existe buena historieta sin buen libreto.
"Uno puede admirar los dibujos de alguien porque los separó de la historia, pero para mí lo fundamental es la historia misma”, analiza. “Por eso no me gustan las muestras, si accedí a esta (la de la Alianza Francesa) es porque me insistieron mucho”, confiesa. “Lo que cuesta entender es que el dibujo es escritura, y el historietista cambia palabras por imágenes”.
Asegura que hay que tener algo para contar, que si no “el dibujo no sirve” y sostiene que tuvo en Charles Dickens a su maestro narrador. “En la historieta empecé haciendo adaptaciones de sus libros, que me emocionaban, pero que me emocionaban desde que tenía once o doce años”, cuenta, “en esa época, como me portaba bien, cada mes me compraban un libro y así fui aprendiendo a definir personajes, con Dickens”.
En el novelista inglés encontró sensibilidad, técnica y mirada a largo plazo. “Me compré la colección de Aguilar, que tenía un apéndice con todos los personajes y yo estudié cómo se iban definiendo gradualmente, qué elementos se utilizaban, porque no era una mera enumeración de rasgos”, comenta y propone ver a la historieta “como literatura”.
Fue por esos comienzos como adaptador que llegó a Sónoman, acaso su creación más celebrada. “En un momento García Ferré quiso comprar Batman, pero se le adelantó Columba, así que me pidieron que hiciera un superhéroe”, recuerda, “yo me puse contento por el pedido en sí mismo, pero los superhéroes no me gustaban. Como sí me gustaba la música, decidí hacer algo con eso. Si leés las primeras páginas, hay muchas cosas parecidas a Superhombre (Superman)”.
No fue sino hasta la cuarta o quinta página que el sonido lo ensordeció. “Es cuando me doy cuenta de las posibilidades hermosas de los personajes secundarios, y ahí está otra vez la influencia de Dickens”, señala, “así la verdadera aventura fue la mía, de explorar todo eso”. El propio protagonista va transmutándose conforme avanza la historia. “Al comienzo estaba tan fuera de mí que Sónoman se llamaba Hamilton, pero terminó viviendo en una estancia, su transformación fue paulatina”, considera Oswal.
Pese a los fantásticos poderes “músico-mentales” del personaje, su creador no lo ve como un superhéroe. “En su pensamiento no lo es, más bien se resigna a esa capacidad que le han otorgado, él dice que a quien hay que admirar es al padre, que lucha todos los días por mantener una familia, no a él; busca consejo en la mujer, en la madre”. En algún capítulo, Sónoman hasta busca consejo en MLG, “la mujer más sabia del mundo”, un homenaje del autor a la filósofa Marta López Gil, a quien admiraba.
Oswal logró algo difícil con esa historia: plasmar el sonido en dibujos. “Buscaba metáforas”, explica, “cuando (Jorge Luis) Borges decía el verde silencio, ¿eso no es una metáfora? Entonces yo mezclaba lo gráfico, la luz, o al menos eso pretendía, porque hay que entender que yo me estaba formando todavía cuando hacía Sónoman. “Luchaba porque se distinguieran los sonidos, que el estruendo de su aparición fuese distinto al de su desaparición”.
La clave de la buena narración, dice, pasa por excitar la imaginación del lector. “Ella lo hace todo y le da realismo a la historia, cuando decimos que hay gran movilidad, que una historieta tiene mucho movimiento, no es que los personajes saltan, sino que conducimos la mente del lector, lo hacemos circular, entonces deja de ver cuadros separados y ve una continuidad, una acción, un desarrollo”.
Recomiendo buscar en la Web más información, reportajes, dibujos y diversas notas sobre el gran Oswal, un artista con todas las letras.
El siguiente artículo fue publicado por la Agencia de Noticias Télam y nos brinda las diversas opiniones de un grupo de grandes humoristas -además de la del editor Daniel Divinsky- que surgieron a partir de la declaración del Día del Humorista y de la elección de la fecha teniendo en cuenta el natalicio de Fontanarrosa:
Humoristascelebraron la declaración del
Día Nacional del Humorista en honor aFontanarrosa
02.02.2015
www.telam.com.ar
La decisión de declarar el Día del Humorista, que a partir de la flamante ley 27.100 desde este año se celebrará cada 26 de noviembre en homenaje al nacimiento de Roberto Fontanarrosa, despertó distintas reacciones entre quienes profesan ese oficio -desde aquellos que lo toman como excusa para reunirse o reconocimiento hasta los que desaprueban los `días de`, como Rep y Max Aguirre- pero todos coinciden en algo: festejan que se haya instituido en nombre de ese gran humorista argentino.
Alfaguara
"Me parece un lindo homenaje al Negro, y excelente que se haya elegido su cumpleaños y no el día de su muerte", dice a Télam Daniel Divinsky, fundador de Ediciones de la Flor, amigo y editor del creador de "Inodoro Pereyra". Al igual que Divinsky, Caro Chinaski celebra el reconocimiento, "me encanta que se haya elegido la fecha por Fontanarrosa, un profesional con un laburo tan groso y completo tanto en gráfica como en literatura", y Landrú también aprueba la elección como representante de los humoristas. "Era un rosarino muy simpático, siempre me pareció un dibujante de primera". Julieta Arroquy, creadora de Ofelia, también se suma a la alegría: "Que el día de su natalicio sea el del humorista es una combinación perfecta. El Negro es uno de los autores argentinos que más ha aportado al humor nacional. Es el padre de un humor sin paragones. Fontanarrosa seguirá siempre vivo porque su obra continúa latiendo". Para Max Aguirre "la fecha es perfecta", porque "a nivel personal es uno de mis más admirados humoristas e historietistas. Por su talento impar y por su oído exquisito para comprender las voces de la calle, el cotidiano, ese mil veces dicho, pintar la aldea para pintar el mundo", mientras que Ángel Mosquito no queda atrás: "Es el nacimiento de uno de los más grandes y originales artistas argentinos". Y Rep, compañero y colega del rosarino, no duda: "Fontanarrosa era mi amigo. Creo que él hubiera preferido producir, con su homenaje, el día del canaya, asi, con ye". Lo cierto es que a muchos la noticia del `día de` los tomó de sorpresa, como Sendra que desconocía el proyecto. "Me dio mucho gusto que fuera por el nacimiento del `Negro`, es absolutamente merecido, no solamente porque fue un gran humorista sino porque revolucionó la forma de hacer humor en la Argentina. Hay méritos sobrados, pero lo que mas rescato es que nos hizo reír a todos".
"Los argentinos tenemos un sentido del humor muy nuestro, que usamos constantemente y que nos toca a un grupo de humoristas gráficos hacerlo nuestra profesión pero me da la sensación que es nuestro trabajo porque todo el mundo lo acompaña y eso sucede porque tenemos un sentido del humor afín", dispara el creador de "Yo, Matías" sobre la fecha que desde ahora honra al humor gráfico. Acaso ese sentido del humor del que habla Sendra haga caso a la ocurrencia de Rep, que se pregunta sobre la nueva disposición sancionada por el Congreso de la Nación y recién promulgada por el Ejecutivo, "¿qué se hace en esos días? ¿nos hacen regalos? ¿qué es un humorista? en mi caso, prefiero el Día del Dibujante, aunque, de todos, el que más me gusta es el Día del niño".
De arriba hacia abajo y de izquierda a derecha: Daniel Divinsky, Caro Chinasky,
Landrú, Julieta Arroquy, Max Aguirre, Ángel Mosquito, Miguel Rep y Fernando Sendra. (*)
Menos punzante, Landrú con sus 92 años recién cumplidos y más de 70 de profesión, considera "fantástico" un día dedicado a ellos. Y va por más: "Si el día del humorista fuese todos los días, los argentinos estaríamos mucho mejor. Y si les queda libre algún día del calendario, propongo que agreguen el día del delirante y el día del señor bajito". Para Ángel Mosquito una fecha como ésta "siempre es bienvenida porque involucra un reconocimiento social para una actividad importantísima de la sociedad: reírse. Y sí es de sí misma, mejor. Reírse es relajante, disipa diferencias, acerca a las personas. Tenemos que reírnos de todo, si no nos ganan los cara de culo que hacen de éste, un mundo peor". A Max Aguirre, autor de "Jim, Jam y el otro", "`días de tal o cual cosa` -dice- no suelen representarme nada. Ni los combato ni los festejos, me suenan a algo impuesto o vacío. Después se verá, con el tiempo si el día se vuelve algo por propia entidad y valía. Ojalá así sea". Y Rep, sigue preguntándose, "¿el día de la madre generó más madres? y el de la virgen, ¿más vírgenes?".
Para Caro Chinaski, creadora de "Hija de vecina", "si el día sirve para difundir el trabajo de los que hacemos humor gráfico, bienvenido, espero que así sea", celebra, en tanto que en la misma línea, Ángel Mosquito apunta, "no me quita el sueño un reconocimiento oficial o la falta de éste, pero siempre viene bien si sirve para que más gente, en especial los más chicos, se acerquen al humor y la historieta humorística". Aunque claro todos más o menos coinciden en que una cruz en el calendario no es sinónimo de circulación. "La difusión se logra difundiendo -sentencia Aguirre-; no sirve sólo con esto, poner muñecos en la calle o un museo, eso es tratarlo como lengua muerta. Tampoco es muy virtuoso subsidiar circuitos de producción que no logran lectores, porque sin ellos el humor gráfico se vuelve un mohín ausente de sentido, un ejercicio vacío". Julieta Arroquy, quien espera el próximo 26 de noviembre como una "buena excusa para brindar", relativiza también los alcances de esta fecha porque "Argentina ya tiene un gran cúmulo de humoristas y diariamente surgen nuevos: respiramos humor, no sólo en los diarios o revistas dominicales, sino en las redes sociales. Es un género que cada vez más se utiliza para comunicar".
Al respecto, Sendra condensa: "Creo que es intrascendente si habrá mayor difusión o no, lo que no es intrascendente es que nos va a permitir una excusa para juntarnos, cambiar figuritas y dibujos. De todos modos, pienso que una fecha así revaloriza la figura del humor en el sentido de que no se trata solamente de hacernos reír, es algo más profundo, es una forma de expresión".
www.unoentrerios.com.ar
(*) Las fotografías fueron tomadas de los siguientes sitios: www.cubadebate.cu (Daniel Divinsky) www.losinrocks.com (Landrú) www.avcomics.wordpress.com (Caro Chinasky y Max Aguirre) www.mujercountry.biz (Julieta Arroquy) www.argentinaindependent.com (Rep) www.errea2013.blogspot.com (Sendra) www.eldia.com.ar (Ángel Mosquito)
Hacia 1938 Eduardo Ferro contaba apenas con 21 años. Ya estaba publicando Aserrín y Pan Rayado en la revista La Cancha cuando de su pluma surgió un nuevo personaje: Pepe Boleto. Este "niño grande" (un muchacho en tránsito de la niñez a la adolescencia) tuvo su espacio en la revista Pilucho, una de las más populares del género junto a la precursora Billiken y a Figuritas. Poco afecto al estudio y muy interesado en las bromas y el fútbol, Pepe exhibe una candidez propia de la época, cuando no se necesitaba más que una pelota y un pequeño grupo de amigos para ser feliz (aunque ellos aún no lo supieran). Este tipo de historietas nos brindan hoy un "bonus": Podemos descubrir juegos, gustos, maneras de vestir y comportamientos de un tiempo ahora muy lejano. Para Ferro, sin embargo, su creación quedó relegada a un segundo plano cuando llegó la posibilidad ese mismo año de incorporarse a las filas de la editorial de Dante Quinterno, creador de Patoruzú. Allí nacerían sus más exitosos personajes, en una extraordinaria labor que se prolongó por casi medio siglo. De las siguientes páginas, algunas corresponden a revistas que conseguí hace tiempo y otras me las cedió -con su habitual generosidad- Toni Torres (Club del Cómic) para que pudiese escanearlas (entre ellas la número 37, que corresponde a la primera aparición de la historieta).
Segunda tanda de videos (*) dedicado a los artistas del lápiz y el papel, ofrecidos durante 2014 por el ciclo Libroteca, conducido por Eugenia Zicavo en el Canal de la Ciudad.
Días y horarios del programa:
Lunes: 09:00 y 17:00 hrs. Martes: 07:00 y 18:00 hrs. Miércoles: 03:00 y 12:00 hrs. Jueves: 22:00 hrs (Estrenos). Viernes: 01:00 y 05:30 hrs. Sábado: 08:00 y 20:00 hrs. Domingo: 08:00 y 16:00 hrs. Visitar: http://www.buenosaires.gob.ar/canaldelaciudad/programacion
http://www.buenosaires.gob.ar/canal-de-la-ciudad/libroteca-con-eugenia-zicavo
https://www.facebook.com/CanalCiudadBA (*) Estos son las 14 entrevistas que encontré en Youtube hasta el momento.
Conducido por Eugenia Zicavo (*),Libroteca es un excelente ciclo del Canal de la Ciudad que -como se explica en la página correspondiente- ofrece entrevistas a escritores consagrados, un fragmento dedicado a los libros que eligen los más chicos, investiga qué leen y cómo son las bibliotecas de los famosos, nos cuenta cómo trabajan los ilustradores argentinos, y analiza qué salió mejor: el libro o su adaptación cinematográfica, entre otras secciones.
En este caso, subimos los apartados dedicados a entrevistar a los ilustradores e ilustradoras argentinas quienes, además, son en muchos casos también humoristas gráficos, caricaturistas y/o historietistas.
Eugenia Zicavo (Buenos Aires, 1978) es doctora en Ciencias Sociales. Socióloga. Periodista. Docente e investigadora en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA-Instituto Gino Germani-CONICET). Es conductora del programa televisivo Libroteca por el Canal de la Ciudad, consejera editorial de la revista Lamujerdemivida y columnista de literatura en Suciopop por FM Nacional Rock. Sus textos pueden leerse en medios nacionales e internacionales como revista Ñ, Perfil, Tiempo Argentino, revista Anfibia, El Planeta Urbano, La República (Uruguay) y en revistas académicas especializadas. Su crónica “Buenos Aires era una fiesta” integra la Antología de crónica Latinoamericana actual editada en 2012 por Alfaguara España, también publicada en Argentina. (Datos: FILBA).
Conozcamos entonces los secretos y las muy interesantes reflexiones de:
Sumo dos notas acerca de este merecidísimo reconocimiento al gran rosarino. Fueron publicadas en la revista de cultura Ñ y en el matutino Página/12:
Un grande de la cultura argentina. /Foto: Archivo Clarín
Honrando a Fontanarrosa,
crearon el Día del Humorista Es la fecha en que nació el artista rosarino
Revista Ñ - 30/01/2015
(Sin mención del autor del artículo)
"Institúyase el día 26 de noviembre de cada año como el Día Nacional del Humorista, en conmemoración del natalicio del humorista gráfico, Roberto ‘el Negro’ Fontanarrosa”, dice el primer artículo de la Ley 27.100 promulgada el miércoles por el Poder Ejecutivo a través del Boletín Oficial.
Es que el 26 de noviembre de 1944 nacía en la ciudad de Rosario “el Negro”, un artista completo: humorista, dibujante, cuentista, novelista, entre tantas otras cosas.
Símbolo del humor gráfico en nuestro país y creador de personajes entrañables como Inodoro Pereyra y su perro Mendieta –dupla inseparable y desopilante– o Boogie, el aceitoso –mercenario de un humor negro inconfundible–.
Amante del fútbol, canalla hasta la médula, Fontanarrosa dedicó gran parte de su obra a captar la esencia de ese deporte, aquello que enamora de la pelota.
Muchas de sus historias giran en torno a una mesa, como la de los Galanes, en el bar El Cairo.
A través de sus textos e ilustraciones hizo y hace, reír, pero también pensar. “La pregunta que me hago es ¿por qué son malas, las malas palabras? O sea, ¿quién las define y qué actitud tienen las malas palabras? ¿Les pegan a las otras palabras?”, cuestionaba disertando ante un auditorio repleto en el III Congreso de la Lengua Española en Rosario, allá por 2004.
La ley –iniciativa de la diputada camporista Mayra Mendoza– además de reconocer la fecha obliga a “adoptar las medidas necesarias a fin de implementar actividades específicas” para celebrarla.
El proyecto presentado en Diputados presentaba al autor como “uno de los humoristas más destacados de la historia argentina”, y de eso no hay dudas. Los humoristas ya tienen su día y Fontanarrosa otra gran distinción como figura central de la cultura argentina.
FUE PROMULGADA LA LEY QUE INSTITUYE
EL DIA NACIONAL DEL HUMORISTA Para quienes la risa es un oficio
Con la idea de hacer más visible la labor de los humoristas, el colectivo La Causa Gracia impulsó la ley, que fue presentada por representantes de distintos bloques. La fecha elegida es el 26 de noviembre, día del nacimiento de Roberto Fontanarrosa.
por Andrés Valenzuela
Página/12
Viernes 30 de enero de 2015
Foto:Jorge Larrosa
Algunos hacen reír desde los diarios. Otros, desde la radio. Unos cuantos desde la tele. Muchos circulan por bares, se presentan tanto en salas minúsculas como en grandes teatros. Hacen chistes de política, de psicoanálisis, de fútbol, de economía, de niños, de ancianos, de la farándula y del tema del día. Permiten reír de todo y de todos. Y algunos –los mejores– permiten pensar la vida desde otra perspectiva. Son indispensables al punto que muchas veces son víctimas de persecución y censura. Y sin embargo, no tenían su día. Hasta anteayer, que el Poder Ejecutivo Nacional promulgó la ley que instituye el 26 de noviembre como Día Nacional del Humorista, en homenaje a Roberto “Negro” Fontanarrosa, quien nació en esa fecha. La iniciativa del proyecto surgió del grupo de humoristas del colectivo La Causa Gracia, identificados con la figura del Negro, porque a lo largo de sus décadas de trayectoria no sólo transitó por el humor gráfico y literario sino que, también, inspiró obras teatrales y producciones audiovisuales, tanto en cine como en televisión. Ariel Carranza, de la conducción del colectivo, explica que la iniciativa surgió de un grupo de colegas que creían necesario hacer visible su oficio. “No está muy definido qué es un humorista: a nuestro entender, es aquel que genera humor, que trae un nuevo chiste al mundo”, puntualiza, y destaca el planteo de la necesidad de una acción colectiva para lograr sus objetivos. El conjunto se acercó con la inquietud a los asesores de la diputada Sandra Mendoza (FpV). “Acompañaron inmediatamente la idea, tomando como eje hacer visible a un segmento importante de la cultura argentina, que tiene una tradición riquísima, pero a veces queda al margen, y luego tanto ella como los otros diputados de todos los sectores vieron la necesidad de poner en valor la actividad”, celebra Carranza, quien también conduce en Radio América el programa humorístico Naftalina, para que nadie se apoliye. La ley, presentada en el Parlamento por un conjunto de diputados de distintos bloques, se terminó de sancionar el 17 de diciembre con el voto unánime de ambas Cámaras en las postrimerías del año legislativo. Justamente por ello debió esperar hasta esta semana para su promulgación definitiva. Ya oficializada, la norma alienta al Poder Ejecutivo a implementar actividades para conmemorar la efeméride y su difusión. Además invita a las provincias y la Ciudad “a disponer actividades en los distintos ámbitos de su competencia, con el mismo fin”. Desde La Causa Gracia destacaron que la oficialización de la efeméride “va a favor de la importancia que merece el trabajo del humorista, muchas veces escondido detrás de ficciones o voces de otros”, aludiendo a la labor silenciosa que un montón de profesionales del sector realizan escribiendo guiones para radio y televisión. Los memoriosos recuerdan –y los que no, tienen YouTube– muchos monólogos de Tato Bores en los cuales el célebre cómico hacía referencia al trabajo de sus libretistas, con quienes a veces confrontaba, pero sin jamás dejar de reconocer su labor. “Una cosa es el cómico y otra el humorista”, distingue Carranza. “Al chiste hay que elaborarlo y luego está aquel que tiene la gracia para ejecutarlo.” Inmediatamente surge el ejemplo de Fontanarrosa, estandarte del proyecto. “A él nunca lo ibas a ver en un escenario contando chistes, era más bien introvertido, aunque también tenés a otros que sí hacen sus propios chistes y los ejecutaban, como Niní Marshall, que lo hacía de manera fenomenal.” Conseguido este primer objetivo, el colectivo de humoristas decidió levantar la apuesta. “A la ley hubo que acompañarla y militarla, pero ahora esta sanción, que pudo haber sido el final, resulta punto de partida”, se entusiasma Carranza, mientras enumera compañeros de distintos rubros y medios. “La agrupación va creciendo y durante el transcurso de la sanción de la ley tomamos contacto con gente del Ministerio de Cultura. De eso nacieron las Jornadas Argentinas de Humor, con las que se está recorriendo el país, llevando talleres de formación y ofreciendo shows para entretener al público”, cuenta. "También estamos a punto de sacar nuestro primer libro de manera autogestionada, con humoristas de distintos géneros y estamos prestos a trabajar en los carnavales, incorporando a los corsos números de humor”, detalla. A partir del segundo fin de semana del Rey Momo, los humoristas visitarán el corso de Villa Crespo. En un comunicado, la agrupación destaca que “este paso da lugar a otras iniciativas de La Causa Gracia que fomenten y dignifiquen la tarea del creador, del generador del humor”. Aspiran, explica el texto, a instalar el humor como parte de las políticas culturales del Estado nacional y sus contrapartes provinciales, a dignificar y visibilizar el trabajo de sus miembros y a fomentar la aparición de nuevos talentos. Además, como consideran que la Argentina es “referente” en materia de humor en el continente”, buscan ampliar la llegada a América latina. En cuanto a la elección de Fontanarrosa, Carranza afirma que la mayoría de los miembros de la agrupación no tuvo contacto directo con él. “Lo tomamos como un compañero ejemplar, un referente, y además de trabajar en múltiples disciplinas, fue un tipo muy federal, fue un humorista que dignificó profundamente la profesión.”