Maestros

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sábado, 10 de marzo de 2012

Claves del humor: Landrú (II)


Segunda y última parte de las reflexiones de Landrú sobre el humor:

El Estilo


El primer chiste que hice era bien disparatado, era un hombre que le declaraba el amor a una mujer: “Matilde, ¡te amo!”. Ella dice: ”¡Yo también!”. Él le responde: ”¡Caramba!, entonces las cosas comienzan a complicarse…” Claro, tienen que ponerse de novios, casarse, tener hijos… ¡El lío que era! En esa época la gente no entendía esos chistes. Es muy difícil explicar eso. Ese humor nació en la revista italiana Bertoldo, en la época en que Mussolini era el dictador, el fascista, y que tenía prohibido el humor político en Italia. Ellos hacían un humor surrealista con cachadas al régimen fascista, pero tan sutilmente y tan disparatado que no los podían censurar. Después pasó ese humor a España, a la revista La Codorniz. En plena época de Franco ponían, por ejemplo: “Metereológicas: Reina en toda España un fresco general proveniente de Galicia”, y creo que la clausuraron un día. Después la clausuraron nuevamente y pusieron un pensamiento matemático: “Los almohadines son a los almohadones como los cojines son a x: nos importan dos x que nos suspendan”, y siguieron adelante. Es muy difícil definir qué es la lógica del absurdo, pero es eso. La vida cotidiana está plagada de discursos de esa naturaleza.
Pero ese humor que utilizaba las paradojas y el absurdo recortándolos sobre el transfondo de lo cotidiano, era celebrado por un grupo muy reducido de lectores.

Cuando yo empecé a dibujar en el año ’45 hacía hombres muy solemnes y en general muy antiguos. Gente con ideas antiguas como el señor Cateura o la misma Tía Vicenta. Entonces tenía que buscarle una vestimenta antigua y me daba la impresión que con ellos causaba más gracia que con personajes de apariencia más moderna. Siempre me resultó más gracioso un señor con una levita que con un traje de líneas rectas. Es el estilo que a mí me gusta y, además, es un estilo muy rápido que me sirve para hacer mis dibujos. De otra manera no podría dibujar doce o trece bocetos diarios para llevar a las redacciones. Mi estilo me permite hacer un chiste de actualidad en cuatro líneas.

Técnicas personales

Una de mis pasiones es el trabajo con los arcaísmos del idioma (…), he rescatado palabras en desuso para incorporarlas a un circuito humorístico y darles nuevamente vida con significados ligeramente distintos.

(Al realizar sus “campeonatos” y “rankings”) fui acusado desde la izquierda de ser un dibujante elitista. Siempre me defendí diciendo que me limitaba a poner en evidencia aquello que los distintos grupos sociales piensan y dicen los unos de los otros, más o menos en secreto (…). Se trataba de jugar con las clasificaciones que funcionan en la sociedad, poniéndolas al mismo tiempo en evidencia de una manera irónica.



El humor no político se nutre también de lo real, al igual que todo proceso creativo o imaginario. Uno de mis procedimientos ha sido el de incorporar a la ficción de los personajes rasgos y hasta nombres de personas reales, muchos de ellos mis amigos. “Jacinto W., el reblan” se inspiró en ese amigo escribano que usaba las medias stretch con ligas Chantecler, “Fofolfi, un niño abominable” en Adolfo Gómez Cainzo; y “Tía Vicenta” fue una sustitución de mi tía Cora... Entre los reblan también hacía aparecer siempre al escribano Lozada Allende, al que le decían Chonchón, y era el novio de Alejandra en “María Belén y Alejandra”. O mi amigo Tapia en los “Breves Cursos de Historia General” apareciendo como Adán, Edipo o Bonaparte…

Ese efecto de realidad en la ficción humorística me atrajo siempre, porque la duda que genera en los lectores (la gente no sabía si existían o no) duplica el interés.
Asi, por ejemplo, lo que sucedió con las secretarias de Tía Vicenta Elena Kufa Y Esther Linares. Elena Kufa era checoslovaca y como su apellido me sonaba gracioso y parecía inventado, la incluía siempre en los chistes y la gente no sabía si existía o no, si era secretaria o periodista o colaboradora, o bien una persona inexistente que sólo vivía como personaje en las páginas de la revista. Llegaron tantas cartas, que finalmente decidí publicar su foto con la leyenda: Esta es Elena Kufa, nuestra secretaria checoslovaca, y como era rubia y vistosa, empezaron a llover cartas de amor. En cuanto a Esther Linares, que era muy petisa, la hacíamos aparecer como ‘nuestra secretaria’ enana. Con el sastre Kochane sucedió algo parecido; nos vendía trajes a crédito a los periodistas de Avivato, y una vez incluí su nombre en un cuento. Entonces él me llamó para que le diagramara un aviso; allí me tomo las medidas, me preguntó qué género me gustaba y me hizo un traje. Cuando quise pagar la primera cuota, no me cobró un centavo, y como me dio un poco de vergüenza, empecé a citarlo con mayor frecuencia. Cuando salió Tía Vicenta, aparecía en boca de los personajes de ‘María Belén y Alejandra’, y en los campeonatos dábamos como premio trajes de Kochane. De golpe se hizo famoso, pero muchos seguían creyendo que era un invento, y se iban hasta la calle Corrientes en Chacarita para ver si la sastrería existía o no (…).

Otra cuestión es que el humor que involuntariamente destilan a veces las palabras tiene que ver con el variadísimo mapa del español, donde un puertorriqueño puede decir por tv: Si, la veldá es que Galdel tenía un ploblema pala plonuncial la l, o bien la casa de junto por la casa de al lado, o voy a mandar mis pantys a la washería, o decirle al médico fisiciano, sin que eso resulte gracioso para ellos. Lo mismo sucede con los matices y diferencias entre argentinos y españoles, o argentinos y colombianos o chilenos… Este humor de las diferencias involuntarias suele aparecer también en la sintaxis. Asi, el español-puertorriqueño utiliza con mucha frecuencia las estructuras del inglés americano. Recuerdo que el titular de un diario hispano en Estados Unidos, informaba del rescate de una niña que se había caído por una alcantarilla y estuvo toda la noche al borde de la muerte, diciendo: Oraciones Salvaron Niña Cloaca Morir.

Utilizo con frecuencia en mis chistes el juego con las palabras y la invención de neologismos. Con mi amigo el escribano Adolfo Gómez Cainzo, armamos hace tiempo una especie de diccionario de neologismos a la manera de las palabras-valija de Lewis Carrol. Gómez Cainzo tenía también la costumbre de acumular informaciones inútiles. Por ejemplo sabía la fecha en que se promulgó la ordenanza Prohibido escupir en el suelo; o descubría respecto de las velocidades de un tocadiscos (33-45-78), que sumando 33 + 45 obtenemos 78, lo cual en realidad no tiene nada que ver con nada… Juntando estos disparates con las excentricidades de lenguaje (decir que el mes de junio la mayonesa era junionesa o que una empanada grande era una empamucha) armé, inspirándome en él, “Fofolfi, un niño abominable”, que apareció en Tío Landrú. Fofolfi hablaba en jeroglíficos, y para entenderlo, el padre había tenido que contratar a un traductor; blanquejo era para Fofolfi un azulejo blanco, y una sorpresa era una religiosa detenida.

Otro de los procedimientos del lenguaje tiene que ver con el desplazamiento y el doble sentido de una palabra. Si leo que es obligatorio para los automovilistas usar cinturones de seguridad, aparece de inmediato la palabra ajuste, como se están haciendo permanentemente ajustes económicos, el chiste se me ocurre por simple contigüidad, asociando cosas que no están necesariamente relacionadas… O bien el chiste se me aparece por un lapsus de lectura, equivocándome en una letra y leyendo autopsia en lugar de autopista.

La mentalidad del humorista se va adaptando a su objeto; suele suceder que la lectura esté precisamente orientada para que el error (el chiste) sea cometido: leer donde dice Ladran, Sancho, Ladran, Chancho; o juntar por un aparente error la palabra palabra (de la fórmula Pido la palabra) con la palabra trucha en palatrucha.

De igual manera, el chiste se constituye en el nivel gráfico por la vía de la sustitución de objetos. Recuerdo que en una época de escasez en la que se penaba con prisión a los acaparadores de huevos, hice la clásica escena del presidiario pero en lugar de la bola de hierro del grillete dibujé un huevo.

Si el humorista se apropia de lo real para construir sus ficciones, también es factible que suceda lo contrario y la realidad lo supere. Así, cuando suceden cosas payasescas en el plano de la política y el gobierno, un chiste puede no ser considerado como tal: ¡Esto no es un chiste! Si lo dijo hace poco tal ministro, o tal o cual secretario, o un amigo del Presidente… En esos casos, el chiste es desbordado por la escena que pretende parodiar; y la primera plana de un diario puede parecerse a los anuncios de un show. Entre estas paradojas y con estas técnicas, he ido construyendo - a lo largo de cincuenta años – mi paciencia y mi humor.




Textos e ilustraciones tomados de:

Landrú: La razón de mi tía (Biblioteca Grandes Humoristas Argentinos, Hyspamerica, 1988)
Landrú: El humor de Landrú (Editorial de Suplementos Periodísticos, 1977)
Russo, Edgardo: Landrú por Landrú! (El Ateneo, 1993)
Russo, Edgardo: La historia de Tía Vicenta (Espasa, 1993)
Ilustradores y Humoristas de Clarín (Agea, 2008)
Tía Vicenta número 4 (1957)
Revista La Nación: Especial Humor (1999)
Da Costa, Ana: Entrevista a Juan Carlos Colombres, Landrú (Sala Virtual de Lectura, 1999)

Fotos:

(Parte 1): Fernando Gutiérrez, de un reportaje en La Nación revista; sin datos de la fecha
(Parte 2): Facundo de Zuviría, reportaje para La Nación revista, 1996.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Claves del humor: Landrú (I)

Landrú posando junto al gato sonriente,
quien fue en muchas ocasiones espectador de lujo de sus chistes

Generalmente, al interesarnos en el humor gráfico, pensamos en o somos seguidores de un determinado autor, historieta o personaje. Sin embargo, existe un aspecto que, salvo excepciones, no suele ser encarado con asiduidad y es el referido a cómo se logra llegar a la situación humorística. Dicho de otra manera: ¿Cúales son los mecanismos que provocan la risa?; ¿Qué aspectos tienen en cuenta los profesionales?, ¿Qué creen ellos que es el humor?, ¿Cómo lo transmiten a través de un estilo personal?, ¿Cómo llegan a encontrar ese estilo?... y muchos etcéteras más.
Tal es la propuesta de la actual entrada, divida por su extensión en dos partes, y que se nutre en el presente caso de la palabra de uno de los grandes de nuestro humor gráfico: Juan Carlos Colombres (Landrú); esperando en el futuro poder incluir otros autores.
Este dibujante, nacido en Buenos Aires un 19 de enero de 1923 y ya retirado del oficio, ha tenido una singular capacidad para observar y retratar las diferentes clases de la sociedad porteña. Su apodo surgió del comentario que alguna vez le hicieran sobre su parecido con Henri Désiré Landrú, un asesino serial de mujeres francés y, curiosamente, muerto (en la guillotina) en la misma fecha de nacimiento de Colombres. De allí que el dibujante especulara con la posibilidad de ser su reencarnación…
Fue el creador a fines de los ’50 de unas de las revistas más célebres del humor político nacional: Tía Vicenta, además de participar en infinidad de publicaciones a lo largo de más de 50 años.
Pero por ahora no vamos a adentrarnos mayormente en la trayectoria de este hombre inteligentísimo.
La idea es, mediante fragmentos tomados de algunos libros dedicados a él, responder a las preguntas del comienzo gracias a sus propias reflexiones.
Por supuesto, las mismas tienen su costado subjetivo y se podrá acordar en todo o en parte con ellas, pero lo verdaderamente importante es que se trata de una enseñanza muy valiosa, a tono con la capacidad de su autor.

El humor

El humor es un rasgo de inteligencia porque generalmente la gente opa no se ríe, no entiende los chistes. La inteligencia es la memoria. La memoria es una característica de la inteligencia, por eso al cerebro lo considero un músculo. En la gente que no cultiva el músculo, el músculo se atrofia (…). Yo todos los días al pensar chistes hago trabajar la mente…

La risa

Al cumplir tres meses mi hija, descubrí una teoría: yo le mostraba el dedo y ella me lo agarraba. Lo mismo sucedía la segunda vez y la tercera. A la cuarta vez que intentaba tomar el dedo se lo sacaba, y se reía. En ese preciso instante comprobé que la risa es sorpresa, algo que aparece cuando no se lo espera (…). Siguiendo la lógica del absurdo, no es difícil descubrir que la vida cotidiana está plagada de discursos de esa naturaleza. Así, por ejemplo, es un disparate que una mujer diga: “Estoy esperando que nazca mi hijo para saber cómo se llama”. Para un humorista sólo se trata de escuchar esos discursos y de saber recrearlos.


El chiste

(…) Yo trato de pensar cúal es el chiste que quiere leer el público. Leo las principales noticias del diario, oigo la radio y digo: éste es el chiste. Lo elijo, lo llevo al diario, llevo varias opciones y me elijen una o dos, a veces no publican ninguno por falta de espacio, pero siempre van quedando.
Por lo general uno siempre tiene un límite de elección o buen gusto. Para hacer humorismo hay que tener en cuenta, también, de qué se ríe hoy la gente, porque un chiste que hace tres o cuatro años hacía desternillar de risa hoy no provoca ni una mueca.

Los dibujos

Refiriéndome al trazo de mis dibujos, que últimamente han sido definidos como “minimalistas”, debo decir que en los comienzos durante la época de la revista Don Fulgencio, hacía los dibujos a gran escala y con muchos detalles: vacas, pájaros, perros, gatos, vecinos, personajes secundarios, etcétera. Cuando los achicaban para imprimirlos, me daba cuenta de que todo se empastaba y quedaba demasiado barroco. De modo que fui optando progresivamente por la simplificación: una sola vaca, un pájaro y, naturalmente, el gato riéndose que se transformó en otra firma mía; al mismo tiempo empecé a dibujar el original del mismo tamaño en el que aparecería reproducido. Esto último, si bien exigió de mí una mayor concentración, me permitió encontrar una línea más austera.

Y otra cosa muy importante es que a veces, sin ser una crítica, hay algunos dibujantes que hacen un dibujo muy bueno, pero no se sabe si los personajes están en el campo, en la ciudad o dentro de una casa. Por eso yo siempre que dibujo un personaje le agrego la escenografía: si están en el campo agrego pajaritos, nubes, sol; si están en la casa siempre hago el piso, un cuadro, la pared, una mesa, para que sepan. Porque a veces el lugar donde están las personas está identificado con el chiste.

El humor político

(Sobre Tía Vicenta) Al principio la lógica del absurdo la llevé a la política y la gente no entendía esos chistes. Empecé a reparar en la actitud de los políticos y me fogueé en las revistas durante mucho tiempo (…). Todo mi trabajo se basó en la observación de la política (...). Quise crear un nuevo estilo. Hacía juegos de palabras, por ejemplo: en lugar de “Arturo Frondizi” ponía “Artizi Fronduro”. La gente cada vez se entusiasmó más con ese nuevo humor porque lo fue entendiendo (…).

Yo sabía que una revista no es una suma de notas, chistes y artículos, sino que debe materializar un espíritu. Cada dibujante tenía un estilo propio, pero el espíritu que nos unificaba estaba basado en la espontaneidad, el disparate y la falta de solemnidad, ya se tratase de la política o de los hábitos sociales.

Por mi parte, siempre descreí del humor oficialista. Pienso que el humor es necesariamente crítico y, si es oficialista, fracasa. Podría ampliar aún este enfoque, y decir que todo diario oficialista fracasa.

En el humor político hay que tener mucho cuidado para no herir susceptibilidades, por eso yo nunca hago chistes contra ni a favor, yo hago chistes sobre. Sobre una situación o sobre una persona, reconociendo siempre los costados críticos como una condición indispensable de su eficacia.

El humor político está igualmente limitado por el sentido de la oportunidad. La actualidad modifica los personajes que uno dibuja, y hasta puede decretar su muerte y anticipar el funeral.

Las diferencias entre el humor de invención pura y el humor político son enormes, y no solamente técnicas o formales. El humorista político, especialmente el de un diario, debe estar informado al detalle de todo lo que sucede. De lo contrario, no logrará jamás un verdadero impacto, podrá ilustrar una nota o producir chistes aislados, pero no generar efectos humorísticos cuya sutileza esté en relación directa con la cantidad y calidad de la información que maneja.

Trato de no hacer bromas hirientes, ni tampoco hago chistes cuando un político ha fracasado: espero en todo caso a que quiera volver.

Nunca critiqué a un tipo de clase baja, alta o media. Mis bromas estaban dirigidas a la gente, en general, que quería aparentar algo que no era.

El personaje

El personaje uno lo crea y es dueño de ese personaje. Por ejemplo, yo hago “el señor Porcel” o “Rogelio, el hombre que razonaba demasiado”, o la “familia Cateura”, que eran personajes que tenían mucho éxito en Tía Vicenta, y los hacía a mi manera. A los políticos los hago según las características de ellos…

El humor exige renovarse permanentemente, y saber que como los humanos, los personajes que uno crea tienen una vida limitada. Por eso siempre me he resistido un poco a la historieta, que fija los personajes en una supuesta eternidad mítica. Prefiero el chiste de un solo cuadro, que se alimenta de la realidad y permite renovarse permanentemente, aún cuando el dibujo o el estilo, como en mi caso, permanezcan más o menos invariables.

La caricatura

Desde ya que en la caricatura siempre se tiende a exagerar. El humor es una exageración de la realidad, y la caricatura tiene que ser una exageración de las facciones: a Frondizi que tiene la nariz un poco larga, hay que dibujársela más larga, a Mera Figueroa que usa bigotes muy largos hay que hacérselos larguísimos; a Alfredo Palacios, que andaba siempre de poncho y traje negro había que remarcarle la figura de compadrito, y a Perette que era muy petiso hacerlo enano…

(Para diseñar la caricatura) Primero, veo mucho las características. Cuando surge un nuevo personaje político estudio, miro varias fotos de él, lo miro por televisión y voy delineando los rasgos hasta que hago una caricatura.

Dibujo a los políticos siempre de la misma manera y en la misma posición para evitar la falta de parecido, toda posibilidad de confusión. El lector debe identificar de inmediato al personaje y el lugar donde se encuentra; si está en el campo, en una confitería o en la Casa Rosada. Si es el campo dibujo siempre la vaca o un árbol con un pájaro, si es la ciudad, un vigilante, las casas o la vereda…

Una vez que defino al personaje, insisto en los mismos rasgos, permitiéndome a veces algunas licencias (por ejemplo, a Cavallo, que tiene ojos grandes y redondos, se los dibujo como huevos fritos, lo cual acentúa más aún en el rostro ese aspecto perplejo y azorado).

Debe darse además un doble juego entre el conocimiento del político y el reconocimiento en la caricatura, pues cuando el lector no identifica de inmediato al personaje, el efecto del chiste se pierde. También hay que tener en cuenta que muchos lectores, aunque parezca mentira, desconocen las caras de algunos políticos más o menos relevantes (Jaroslavsky o Luis Zamora), aún cuando aparezcan asiduamente en la televisión; si yo hago un chiste sobre Luis Zamora para ser leído en un medio donde la gente no sabe quién es, el chiste no existe.




(Fuentes, al término de la segunda parte)

lunes, 5 de marzo de 2012

La "cocina" de Inodoro Pereyra (IV, nunca es tarde...)

En el mes de Septiembre del año pasado pudimos disfrutar de los consejos de Roberto Fontanarrosa con respecto a la realización de una historieta, más precisamente la de Inodoro Pereyra (tomados de su versión original publicada en el suplemento Cultura y Nación del diario Clarín en el año 1992). Sin embargo, en aquel momento no advertí que en el libro 11 de la colección Biblioteca de la Historieta del mismo diario - dedicado precisamente al gaucho - se reproduce el texto mencionado más una nota final en letra muy pequeña que dice: "Los resultados de esta 'receta' pueden verse en la tira de la página 156". Efectivamente, allí nos encontramos con tal aventura que, en la versión editada por De la Flor, pertenece al tomo número 17.
Va aquí entonces el escaneo de las tiras, para complementar de la mejor manera el excelente relato de Fontanarrosa, llevando a la práctica sus particulares sugerencias (debajo, el enlace a aquellas entradas).


Fontanarrosa, Roberto: Inodoro Pereyra (Tomo 11, Biblioteca Clarín de la Historieta, Clarín, 2004)

Fontanarrosa, Roberto: 20 años con Inodoro Pereyra (Ediciones De la Flor, 1998)

sábado, 3 de marzo de 2012

Nuestro humor gráfico en el Salón del Libro de París 2012



La Feria del Libro de París se desarrollará entre el 16 y 19 de marzo del presente año. Allí, la Ciudad de Buenos Aires tendrá un espacio cuya temática se referirá al humor y las letras y que llevará por título justamente "Humor de Buenos Aires". El siguiente es un fragmento de la nota aparecida en el sitio Buenos Aires Capital del Libro 2011 (www.capitaldellibro2011.gob.ar):

"Siendo la audiencia local una ferviente admiradora de nuestras más destacadas historietas y nuestros célebres ilustradores y guionistas es que la temática del espacio de la Ciudad en el Salón este año será el humor y las letras. Con un espacio de 100m2 especialmente diseñado para promocionar el trabajo de nuestros destacados artistas se buscará favorecer el intercambio entre dos ciudades como París y Buenos Aires y generar nuevos públicos. Prestigiosos y talentosos ilustradores como Liniers, José Muñoz, Guillermo Mordillo, Carlos Garaycochea, Manuel García Ferré, Horacio Altuna, Napo y Micaël Queiroz estarán presentes en esta edición para compartir sus experiencias, intercambiar opiniones, hacer revivir sus personajes en vivo y encantar al público con sus creaciones. Además participarán Hugo Maredei, creador y presidente del Museo del Dibujo y la Ilustración, Daniel Divinsky, uno de los editores más destacado de nuestro país en humor gráfico, y Hernán Casciari."

Ver también:




viernes, 2 de marzo de 2012

La vuelta del "Mundo Schneider"

En ciertas oportunidades debí comentar la pena que siempre significa el cierre de algunos sitios dedicado a la historieta argentina (o el peligro de que sucediera), entre ellos los pertenecientes a Hernán Schneider: Releyendo Historietas y Mundo Quinterno. Afortunadamente, este último ha reabierto sus puertas (me he enterado a través del blog de Miguel Dao) y todos podemos volver a disfrutar de sus excelentes imágenes que, además de la obra del creador de Patoruzú, incluyen un espacio para el gran Héctor Torino.



lunes, 27 de febrero de 2012

Y en este rincón...

Los niños – como protagonistas principales o secundarios – tienen una extensa trayectoria dentro de nuestro humor gráfico, casi tanto como lleva de vida la historieta argentina. Dentro de tan vasto período, hay un momento post Mafalda y previo a la llegada de Matías, donde surgen dos chicas: Socorro, de Rep y - un poco antes - Flo, de Maitena Burundarena.
Esta última apareció a mediados de los ochenta en Tiempo Argentino, pasando luego a El Cronista Comercial. Flo, de inteligentes apreciaciones al estilo Mafalda, comparte protagonismo con sus padres quienes están, como casi todos, insertos en el complejo trajín diario que comprende el mundo familiar y el trabajo. Es este, en cierta medida, un tiempo de transición para la autora, donde demuestra ese gran poder de observación para retratar las relaciones humanas que más tarde le depararía un enorme éxito a través de Mujeres Alteradas (con inicio en la revista Para Ti en 1993), ya desligada de su apellido.
Algunas de las tiras de Flo (las que aquí podemos leer están referidas a las vacaciones) fueron recopiladas en un libro de Ediciones de la Flor llamado Y en este rincón… ¡las mujeres!, perteneciente al año 1992.
Mucho tiempo ha pasado desde entonces: En 2011, con su apellido "recuperado", Maitena presentó su primera y excelente novela Rumble, marcando una evolución (o, si se prefiere, un cambio) donde su labor como humorista gráfica parece haber quedado definitivamente atrás…


domingo, 19 de febrero de 2012

Estrellas fugaces


Casi seguramente, la mayor parte de los personajes humorísticos que un día salieron a la luz como principales protagonistas de sus tiras se mantuvieron en ese lugar durante toda la existencia de las mismas. Existen, entonces, algunas excepciones. Por ejemplo, alguna vez, las historietas de Clemente y Matías se llamaron de otro modo...

Cronológicamente, debemos comenzar por la criatura de Caloi: el 7 de marzo de 1973 aparece en Clarín la tira Bartolo (un motorman de tranvía). Dice su autor:

“Yo me había propuesto hacer una tira suelta, libre, fresca y con mucho absurdo. Empezó llamándose ‘Bartolo’ porque Bartolo era el personaje principal. Y Clemente su ‘partenaire’. A poco de andar, me dí cuenta de que Bartolo había quedado muy atado a una visión nostálgica de Buenos Aires – de hecho, andaba en un tranvía, cosa pesada y que me costaba mucho dibujar y mover en cada cuadrito de la historieta -, de manera que favorecí la extinción de Bartolo (y su tranvía) y el ascenso de Clemente.” (1)

En efecto, casi tres años después (enero de 1976) la historieta comenzaba a llamarse Clemente y Bartolo; y para 1982, sólo Clemente. Basta revisar este período para comprobar cómo Bartolo va disminuyendo su presencia (y su importancia) paulatinamente, volviéndose ésta cada vez más discontinuada hasta transformarse en un fantasma de lo que alguna vez había sido. Es que Clemente, dueño de un carisma que tal vez ni su propio autor había planeado, ganó protagonismo con rapidez y los cambios se hicieron inevitables.
Con Bartolo o ya sin él, Caloi fue incorporando una multitud de personajes (Mimí, la Mulatona, Jacinto, el hincha de Camerún, las pulgas y hormiguitis, el Clementosaurio, el apuntador y muchos más que se destacaron pero que nunca dejaron su rol secundario) como de situaciones de gran diversidad (el fútbol, el ‘piscoanálisis’, la síntesis, la astrología, la política, etc) que ayudaron a esa libertad y a ese absurdo que él se había propuesto y que sigue manteniendo hoy, con la consolidación del color, del efecto "volúmen" y con su creación muy cerca de cumplir los 40.



Prudencio, de Fernando Sendra, nació en 1990 en la contratapa de Clarín. Pero tuvo una historia previa: en 1985, llamado de La Razón matutino, el dibujante presenta a Leandro, el pardo, al que luego el director rebautizó Prudencio, el reflexivo. Dice Sendra:

“Era un personaje que había sido una caricatura de mi cara y le había puesto patitas y manitos, después lo estilicé, claro…” (2)

Más tarde – tras la muerte de Viuti – Sendra fue llamado de urgencia de Clarín para cubrir su espacio. Y allí renació Prudencio, compadrito, tanguero y - como Bartolo – un personaje que se nutría de la nostalgia (aunque sin olvidarse de la realidad del momento). Cada episodio llevaba como título un brevísimo fragmento de la letra de un tango, y al noble y pacífico guapo lo acompañaban su novia María (por la cual regresaba) y un farolito parlante. Pero…

“Un día no sabía qué hacer. Estaba buscando tema y no se me ocurría nada, salvo algo con un chico que no tenía nada que ver con un guapo” (3)

Ese chico llegó un día para quedarse:

“Yo observaba algo que me preocupaba: el que se quedaba con el chiste era el chico, no el guapo. Entonces, medio para recuperar al guapo, lo saqué. Hice que la madre lo llamara a tomar la leche, ‘Matías, vení a tomar la leche’, y el guapo se quedaba solo. Lo bauticé Matías para sacarlo de la tira, no para meterlo.” (4)

Y así…

“En realidad sentía que el guapo era un personaje muy del pasado, de principios de siglo, y el chico era bien actual, más de psicoanálisis, de estudiar inglés (…). Eran dos mundos que colisionaban y no cuajaban bien. Un día que yo quería hacer el chiste del guapo, otra vez no me salía nada (…). Cuando cambié la óptica de Prudencio a Matías, el chiste salió instantáneamente. En un segundo había resuelto lo que me había costado tanto resolver. Ahí me dí cuenta que yo no quería hacer exáctamente un chico, sino un chico con un adulto. Cuando descubrí que la madre era una herramienta fundamental, empecé a usar eso, Matías apareció cada vez más y bueno… (5)

El domingo 8 de agosto de 1993 la historieta fue rebautizada con el nombre de Yo, Matías. Fue el regalo del autor para su personaje en el día del niño. Y Prudencio pasó definitivamente a ser historia.




(1) Catálogo "Clemente 30 pirulos" (muestra por los treinta años del personaje)
(2 a 5) Reportaje de Andrés Valenzuela a Sendra publicado en "Cuadritos, periodismo de historieta", 20 de junio de 2010.

Imágenes pertenecientes a:

Caloi: "Clemente y Bartolo 1", Ediciones del Pájaro y el Cañón, 1978
Gociol, Judith y Rosemberg, Diego: "La historieta argentina. Una historia"; Ediciones de la Flor, 2000
Sendra: "Prudencio y Matías 1", Ediciones de la Flor, 1991

lunes, 13 de febrero de 2012

Enrique Stein y el periódico El Mosquito

El Mosquito , periódico “satírico-burlesco con caricaturas”, apareció semanalmente a lo largo de 30 años: entre el 24 de mayo de 1863 y el 16 de julio de 1893, con una única interrupción de dos meses a causa de la epidemia de fiebre amarilla, desatada en Buenos Aires en 1870.
Cada edición constaba de 4 páginas impresas en papel de diario. En sus comienzos sólo una de sus páginas estaba ocupada por una caricatura, luego fueron las dos centrales y finalmente tres, con la consiguiente reducción del espacio dedicado a los textos.
Formaron parte de su redacción Luciano Cloquet, Victor Milhas y Eduardo Wilde (Julio Bambocha), entre otros.
En abril de 1867 se transformó en diario “burlesco noticioso y comercial”, publicando caricaturas sólo los domingos y presentando noticias, avisos de remates y hasta un folletín por entregas. Pero los resultados no fueron los esperados y en septiembre del mismo año volvió a su frecuencia semanal de los domingos.
Entre sus ilustradores se destacaron Henri Meyer, Adam, Julio Monniot – todos franceses -, el español Eduardo Sojo (Demócrito) y el (único) argentino Carlos Clérice.

Pero si hubo alguien que marcó un antes y un después en la historia de esta publicación, ése fue Henri Stein:
Nacido en París en 1843 (obteniendo allí su diploma de dibujante), se radicó en la Argentina a sus 22 años con la intención de dedicarse a la agricultura primero y a la apicultura después. Ante el fracaso de este objetivo se dedicó un tiempo a la ebanistería y a dar clases de dibujo elemental. Para ese entonces tuvo la oportunidad de conocer a Luciano Cloquet, quien estaba a punto de hacerse cargo de El Mosquito. Paralelamente, una probable crísis en la publicación impidió la aparición de la caricatura en el número 276. Ante la falta de ilustrador, en el siguiente, del 10 de mayo de 1868, Stein (quien cambiaría el Henri por el Enrique) presentaba su primer trabajo: allí se retrataba a sí mismo preguntándose que haría para hablar de la “feliz” situación en que se hallaba el país.
Políticamente, las decisiones de Stein dan mucha tela para cortar: las revistas colegas (opositoras a Roca) lo criticaron por su apoyo al militar. Más sugestiva es la siguiente anécdota: hacia 1874 El Mosquito se aliaba al autonomismo de Adolfo Alsina. Fue entonces cuando sus adversarios mitristas (Mitre, como Alsina y Nicolás Avellaneda, aspiraba a la presidencia ese año) le ofrecieron hacerse cargo del diario llamado precisamente La Presidencia. Stein (quien había llegado a director-gerente de El Mosquito en 1872 y sería director-propietario desde 1875, además de publicar en otros periódicos como El Plata Ilustrado, La Revista Criminal, Antón Perulero y La Orquesta durante esta misma década) aceptó la propuesta y pasó a criticar a su Mosquito bajo el seudónimo de Carlos Monet…
Y si bien para el propio Stein tal decisión era comprensible ya que - según el mismo había expresado - no era argentino ni político sino dibujante, el semanario (de esos mismos años) “Doña Mariquita” lo calificó como un “anfibio” que realizaba las caricaturas de ambos periódicos, escudado en que “ni la madre que lo parió” sabía de esto, vendiendo “su lápiz y escoba lo mismo á una virgen que á una ramera de las musiqueras” (1).
Mientras tanto, entre el siglo XX y el XXI, algunos historiadores consideraron esta actitud como un rapto de humorismo (el hecho de combatirse a sí mismo) y otros como un profesionalismo mercenario.

Con el tiempo, al no cumplirse sus ilusiones políticas primero, y al no aceptar a Alem y el radicalismo después, Stein decidió en 1890 vender el título de El Mosquito a una sociedad anónima, aunque continuó a cargo de la administración y de los grabados. Sin embargo, con la aparición del periódico Don Quijote y (producto de las diferentes ideas de cada uno) la puja con El Mosquito, Stein - fatigado - decide cerrar su periódico, siendo el último número el 1580 (del - como se expresó al comienzo - 16 de julio de 1893).
Se dedicó así en exclusividad y durante 25 años (hasta su muerte el 17 de enero de 1919) a vender libros, lápices y papeles en el local que había abierto en 1881, instalado en la recientemente creada Avenida de Mayo.

Durante las últimas décadas del siglo XIX era habitual la aparición de los “grandes almanaques” tanto de El Mosquito como de Don Quijote, los cuales – con un tamaño mucho más pequeño que los periódicos (para tener una idea eran similares en ese aspecto a la posterior Caras y Caretas) – daban la bienvenida al nuevo año con ácidas caricaturas acompañadas por textos, festividades y santorales de cada mes y avisos comerciales.
Las imágenes siguientes pertenecen al Gran Almanaque del Mosquito para 1880 con más de cien caricaturas y dibujos, por H. Stein (2) y apuntan irónicamente a personajes como Roca, Mitre, Sarmiento y Alvear, entre otros, "burlándose con total libertad de las pretensiones de todos" (3).

Quedará para alguna otra ocasión comentar el resto de las caricaturas y las publicidades de marcas como Bagley y Bieckert , aquellas dedicadas a difundir productos para los nervios y la tisis pulmonar, o las referidas a confiterías, tiendas, ópticas y a la venta de sombreros y armas.


(1) Textos de Doña Mariquita e imágen del título de El Mosquito: tomados de Historia del Humor Gráfico y Escrito en la Argentina (de Oscar Vasquez Lucio - Siulnas, Tomo I -1801/1939 -, Eudeba, 1985)
El resto de la entrada se realizó en base a los datos recogidos de los siguientes publicaciones:
Danero, E.M.S: El cumpleaños de "El Mosquito" (Eudeba, 1964). Foto de Stein perteneciente a este mismo libro.
Gutiérrez, José María: La historieta argentina. De la caricatura política a las primeras series (Biblioteca Nacional/Página 12, 1999).
AAVV: Presidentes... (Museo Casa Rosada/MUDI, 2006)
Maradei, Hugo Oscar: Bicentenario, 200 años de humor gráfico. Primera centuria: 1810/1910 (MUDI, 2010)
(2) Las caricaturas fueron escaneadas de una versión facsimilar del almanaque realizada por System Verlag (Vaduz, Liechtenstein) en 1979 y que incluyen los comentarios de Félix Luna (3) en su parte final.