Este blog está dedicado al humor gráfico argentino y tiene como objetivo el repaso de los autores, las historietas y los personajes que le dieron brillo; basándose en el material de revistas, diarios, libros y otros documentos que ayuden a recordar momentos entrañables de este valioso arte y oficio, sin por ello dejar de referirse a la producción de los autores de hoy. En suma, un recorrido por una historia y una actualidad de indudable riqueza.
Maestros
domingo, 13 de marzo de 2011
Sasturain entrevista a Ferro
Ferro se referirá a sus comienzos, sus personajes, el mundo de la editorial Dante Quinterno y a sus proyectos, siempre presentes cualquiera fuese su edad. Un hermoso documento como excusa para seguir homenajeando al genial autor de Langostino.
Posteriormente (número 4 de la publicación) el dibujante presentaba a una de sus últimas creaciones: Yírolamo, corresponsal.
Muchos años después - en 2004 - esta misma entrevista formaría parte del libro Buscados Vivos (que incluía artículos referidos a los inmensos Battaglia, Oski , Divito, Lino Palacio y Calé).
martes, 8 de marzo de 2011
Tute y Caloi
El sábado 22 de enero, en el número especial de la revista Ñ dedicado al humor argentino, una de las notas estuvo a cargo de Tute. En ella se refiere de manera muy cálida a su padre - Caloi - y a sus comienzos en la gráfica, con el apoyo generoso del creador de Clemente. Una serie de reflexiones muy interesantes para leer.
domingo, 6 de marzo de 2011
EDUARDO FERRO: GALERIA (I)
La Cancha nros. 392 (1935) y 473 (1937)
Patoruzú semanal nros. 24 y 27 (1938)
Patoruzú semanal nro. 34 (1938)
Patoruzú semanal nro. 40 (1938)
(1941)
EDUARDO FERRO: GALERIA (II)
Primeras dos páginas de Langostino (Patoruzito semanal nros. 1 y 2, 1945)
Patoruzú semanal nro. 414 (1945) y La Cancha nro.890 (1945)
Patoruzú semanal nros. 940 (1955) y 1108 (1959)
Patoruzú semanal nros. 1401 (1964) y 1873 (1973)
EDUARDO FERRO: GALERIA (III)
Típica doble página sobre un tema único en la Patoruzú semanal 1873 (1973)
La gran creación gauchesca de Ferro (Libro de Oro 1980)
Alevino en Jaimito Extra nro. 2 (1978) y comienzo de Yirólamo en la SuperHumor nro. 4 de 1981
Dos de los personajes menos conocidos de Ferro: Talenti periodista (creado en los '40) y Chiche Lux (años '80). Ambos formaron parte del libro Lo que el vento devolvió (Hyspamérica, 1988)
EDUARDO FERRO: GALERIA (IV)
Década del '40
Década del '50
Década del '60
Década del '70
viernes, 4 de marzo de 2011
Adiós a Eduardo Ferro
Transcribo aquí el discurso dado por Ferro al recibir el Premio Quevedos - incluído en el mail enviado por el Museo - (...y disculpas por el atrevimiento del pequeño fotomontaje).
DISCURSO DE EDUARDO FERRO
PREMIO QUEVEDOS 2006
A la Fundación General de la Universidad de Alcalá
A los Ministerios de Asuntos Exteriores y Cooperación y de Cultura de España
Al Museo Argentino de Caricatura Severo Vaccaro
A mis colegas
Al Público en general
Muy respetuosamente os pido indulgencia si desentono en lo protocolar. No es mi fuerte, aunque respeto profundamente las reglas que hacen al debido orden de las instituciones, principalmente las de la cultura.
Os doy mis más sinceras gracias, no sin antes aclarar que no le concedo otra importancia a mi ausencia que la que le otorga vuestro importantísimo premio, en honor al cual estimo que debo justificarla.
Me entristece, claro, pero mi alma jubilosa estará en todos los actos, para quienes la quieran notar.
Ahora bien, la verdad quiero decirla con lo que me queda del corazón, que cada día más claramente viene diciéndome: “no me exijas más esfuerzos”… y terminé escuchándolo.
Entonces: sería muy romántico “Morir en Madrid” pero me aterra imaginar con cinta de luto al brillante trofeo Quevedos. Con esto doy por concluida la parte triste.
Rápidamente paso a lo que atenúa mi taquicardia: ensoñar la sonrisa indulgente de todos vosotros.
Sentir en mi espalda cariñosas palmadas de mis notables antecesores en el premio, diciéndome: “Tranquilo, Ferrito… estáis disculpado. Dibujaremos un viejo con vuestra facha, para que aparezcáis en las fotos.”
A estas imágenes se suma la alegría de que sea el gran Mordillo, quien reciba el trofeo en mi nombre.
¿Quién mejor que este amigo del alma, exquisito humorista, ético caballero y …(permitidme que esto, lo diga en “gaucho”)… generoso “al mango”?
Continuando, y para ampliar un poco el placer de estar con vosotros aunque sólo sea virtualmente, os describiré de qué manera el célebre Quevedo signó mi vida.
Esto comenzó en los años 30, cuando repentinamente cundió por Buenos Aires una onda de cuentos pícaros llamados “de Quevedo” que atrapó hasta a los chicos como yo, que a la sazón tenía poco más de trece años.
Ya no me conformaba con mirar por la ventana el suburbio en que vivíamos y buscaba mezclarme en la “universidad de la calle”.
Mamá, que no dejaba de vigilarme, me sorprendió relatando uno de esos cuentos en el cual, por una urgencia física repentina, Quevedo está “ensuciando” el artístico jardín de una condesa que exclama horrorizada al descubrirlo:
“-¡¿Qué vedo?¡”-, provocando la famosa conclusión del susodicho:
“-¡Hasta por el culo me conocen!”
Desenlace escandaloso por aquellos tiempos, que me costó el único sopapo que me propinó mi madre en toda mi vida, y que no olvido. Un primo culto, que fue testigo del momento, me preguntó algo más tarde: “-¿Sabes quién fue el célebre Quevedo?.
Me encogí de hombros, claro.
Para mí era lo que para todo el pueblo: el personaje de los cuentos picantes y ¡Chau!
Pero no terminó con su pregunta la intervención de mi primo culto. Me alcanzó un libro de Quevedo. “Léelo –me dijo-, “y después me dices qué te pareció”.
El haber motivado la indignación de mi madre me hizo dudar de que pudieran ser de un Genio famoso aquellos cuentillos de Quevedo que divertían al grueso de la gente.
Pero gracias al libro de mi culto pude leer este fragmento de la Pavura de los Condes de Carrión:
“¡Guarda: el león!,
Y en esto entró por la sala.
apenas Diego y Fernando
le vieron tender la zarpa
cuando hicieron sabedoras
de su temor a las bragas.
El mal olor de los dos
al pobre león engaña,
y por cuerpos muertos deja
los que tal perfume lanzan.”
Allí comprobé que en el mismo asquete de mi cuento censurado volvía a encontrar la inspiración el gran Quevedo.
Pensé en llevarle a mi madre el libro que recibí prestado para que me disculpara, pues llegué a comprender que el humor es digno y propio de los grandes estrados ya que existe en cada Hombre y en su propia y sencilla felicidad.
Que la última risa sea gracias al genio que nos abrió el camino a este Paraninfo.
¡Hasta siempre, Alcalá de Henares!
Muchas gracias.
18 de octubre de 2007

















































